Un equipo internacional de paleontólogos ha identificado una nueva especie de dinosaurio a partir de fósiles hallados en el desierto del Sáhara. El animal ha sido bautizado como ‘Spinosaurus mirabilis’ y vivió en el norte de África hace aproximadamente 95 millones de años, durante el período Cretácico. El hallazgo ha sido publicado en la revista científica ‘Science’ y está considerado uno de los más relevantes de los últimos años dentro del estudio de los espinosaurios.
El descubrimiento fue coordinado por Paul Sereno, de la Universidad de Chicago, junto al paleontólogo español Daniel Vidal. En el proyecto también participaron investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y de las universidades de Málaga (con Alejandro Granados como representante) y Valencia, lo que convierte este hallazgo en un hito con notable presencia científica española.
Un gigante de 13 metros
Los investigadores calculan que el ‘Spinosaurus mirabilis’ medía alrededor de 13 metros de longitud y pesaba entre 6 y 7 toneladas. Su aspecto era similar al de su pariente más conocido, el ‘Spinosaurus aegyptiacus’, aunque con una diferencia llamativa: una prominente cresta que coronaba su cráneo y que no ha sido documentada en otras especies del mismo linaje.
La cresta, un ornamento visual
Según los investigadores, esta estructura no tendría una función defensiva ni ofensiva. Su papel habría sido principalmente visual: facilitar el reconocimiento entre individuos de la misma especie o servir como reclamo durante el cortejo. Esta hipótesis encaja con el comportamiento de otros animales prehistóricos y actuales que utilizan elementos físicos llamativos para la exhibición ante posibles parejas.
Daniel Vidal, uno de los paleontólogos al frente del estudio, describe al animal como un depredador semiacuático
A diferencia de los grandes carnívoros terrestres que dominan el imaginario popular sobre los dinosaurios, el ‘Spinosaurus mirabilis’ estaba especializado en la caza de peces. Su cráneo alargado y sus dientes, diseñados para sujetar presas resbaladizas, apuntan a un animal que acechaba en aguas poco profundas. Su comportamiento, según los expertos, sería más comparable al de una garza gigante que al de un depredador terrestre convencional.
El hallazgo amplía el conocimiento sobre la diversidad del linaje de los espinosaurios y refuerza la teoría de que estos dinosaurios desarrollaron adaptaciones muy específicas para explotar entornos acuáticos. Cada nuevo fósil, como subrayan los propios investigadores, permite reescribir capítulos de la historia evolutiva de estas criaturas.
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