Devoción pura. Eso es lo que se respiraba en el aire granadino de la mañana del 2 de abril, Jueves Santo, conmemoración de la Última Cena de Jesús y comienzo del Triduo Pascual. Pocos días quedan ya para la resurrección de Jesús, pero la ya corta espera se está intentando estirar lo máximo posible con tal de que no acabe una de las semanas más esperadas del calendario de los devotos.
Esta jornada se ha convertido en una de contrastes, con el Albaicín y el centro histórico como escenarios vivos de fe, tradición y emoción. Desde el Monasterio de la Concepción salió la Hermandad de la Concha, cuyos pasos discurrieron bajo el sol dejando algunas de las primeras estampas de la jornada. Sus dos pasos, Jesús del Amor y María Santísima de la Concepción, pusieron en evidencia la fe ciega de los allí presentes.
Al otro lado del mapa, en el Zaidín, la hermandad de Salesianos tomó el relevo con una salida marcada por el carácter popular de sus barrios. Empezado su periplo, emprendió una ruta que cruzaría media ciudad hasta alcanzar su corazón. Con la impresionante escena de su Cristo de la Redención y las lágrimas vivas de su Virgen de la Salud, la cofradía abarrotó las calles por donde pasaba.

