Yolanda Díaz, vicepresidenta y candidata de Sumar en las elecciones generales de 2023, ha anunciado que no repetirá como candidata y que dejará la política tras el fin de la legislatura —una salida que habrá que confirmar—.
La izquierda alternativa pierde otro líder. Tras Iglesias, Belarra o el propio Errejón, el liderazgo de Yolanda Díaz ha resultado efímero. En clave interna, su etapa estuvo marcada por el cisma total con Podemos y, en particular, con Irene Montero.
En el plano de gobierno, dejó medidas relevantes como la reforma laboral, la gestión de los ERTE durante la pandemia o las sucesivas subidas del SMI, y tiene pendiente su gran apuesta: la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas. Sin embargo, su respaldo incondicional al Gobierno pese a los escándalos de corrupción le ha restado perfil propio respecto a los socialistas.
‘Sumar 2.0’ busca candidato a las generales
La coalición que podría denominarse ‘Sumar 2.0’, que especula con una eventual suma de partidos como Podemos o ERC —algo improbable—, carece hoy de marca y de liderazgo claro. Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, ha negado querer ser candidato, a pesar de que voces como la de Gabriel Rufián han señalado hacia él. El líder de IU, Antonio Maíllo, se presentará en Andalucía y ha reclamado primarias. Mónica García, cuestionada tanto como ministra como dentro de su propio partido, parece descartada, y en el horizonte aparecen los nombres de Ada Colau o Ernest Urtasun.
En ese contexto, Rufián ha intentado impulsar una candidatura unitaria de la izquierda nacional e independentista. Junto a Emilio Delgado —portavoz adjunto de Más Madrid y rival interno de Mónica García—, ha abierto debates hasta ahora esquivados en la izquierda, como la inmigración o la seguridad, con el objetivo de disputar el relato a Vox. El portavoz de ERC en el Congreso llegó a afirmar que el uso del burka es una «salvajada» que «la izquierda laica no puede permitir», a pesar de que ese mismo bloque votó en contra de la iniciativa de Vox para prohibirlo en espacios públicos.
Los argumentos de la izquierda para rechazarla fueron dos: por un lado, que «la propuesta mezclaba un debate legítimo sobre derechos de la mujer con una retórica abiertamente xenófoba» —la misma diputada de Vox que defendió la medida afirmó que «España no puede permitirse más inmigración»—; por otro, que «una prohibición general podría tener el efecto contrario al deseado, marginando a las mujeres afectadas y empujándolas al ámbito privado», argumento que ya utilizó el Tribunal Supremo en una sentencia de 2013. Una contradicción que refleja la dificultad de cambiar el discurso sin cambiar los votos, y que Rufián trata de forzar.
Rufián marca perfil propio y Podemos sigue a lo suyo
Rufián parece ser hoy el único con propuestas distintas en la izquierda española, por paradójico que resulte tratándose de un independentista catalán. El auge de Aliança Catalana y la realidad migratoria que vive Cataluña pueden haber influido en esa evolución. Mientras tanto, ‘Sumar 2.0’ busca una nueva cara que sustituya a Yolanda Díaz sin cuestionar la estrategia que les ha hecho perder terreno de forma sostenida desde 2023, sin contar el retroceso acumulado desde la marea indignada con la que Podemos arrasó en 2015.
Irene Montero será previsiblemente la candidata de Podemos en 2027 y aprovechará tanto la debilidad del nuevo espacio como el giro de Rufián sobre inmigración para seguir proclamándose la única izquierda real alternativa al PSOE. El problema es que ninguno de los dos modelos ha resultado ganador: gobernar ha erosionado a Sumar, y Podemos trata de marcar perfil propio en la oposición pero acaba cediendo en muchos casos ante el Gobierno por el miedo a una convocatoria electoral que acabe con la derecha en la Moncloa.
La izquierda, necesitada de nuevas ideas
La batalla de las ideas queda cada vez más reducida a una agenda social sin horizonte ideológico claro. Más allá de la fiscalidad progresiva o la ‘justicia social’, la izquierda alternativa no ha desarrollado propuestas para los nuevos retos que afronta España. Las grandes preguntas sobre el papel del país en Europa o su reconversión productiva tienen escasa presencia en su agenda, mientras la política exterior se reduce en la práctica al conflicto de Gaza. Una izquierda que aspira a transformar la sociedad pero que no termina de explicar cómo ni desde dónde, y cuya apuesta por los nacionalismos periféricos ha generado tensiones en los territorios ‘agraviados’ por los pactos del gobierno con los partidos independentistas.
El problema migratorio es otra de las asignaturas pendientes. Lo que antes podía considerarse una inquietud de votantes conservadores se ha convertido en una preocupación transversal de la sociedad española, y los partidos de izquierda no terminan de asumir esa realidad.
La izquierda alternativa llega al ecuador de la legislatura sin candidato, sin marca consolidada y con un debate interno sobre estrategia que no termina de abrirse. El espacio existe, los votantes también. Las próximas elecciones generales dirán si la fragmentación entre la nueva alianza, Podemos y la izquierda nacionalista es atractiva electoralmente o, por el contrario, se traduce en una mayor dispersión del voto progresista. El proyecto político está en duda y las elecciones se acercan.
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