La Policía Nacional ha asestado uno de los mayores golpes al narcotráfico internacional de los últimos años con la desarticulación del entramado criminal que dominaba el tráfico de cocaína en el Atlántico y los ríos españoles mediante el uso de narcolanchas. La denominada operación Sombra Negra, desarrollada en dos fases, se ha saldado con 105 personas detenidas, 49 registros y la incautación de 10.400 kilos de cocaína, además de un ingente patrimonio logístico y económico.
La investigación, dirigida por el Juzgado Central de Instrucción número 3 y la Fiscalía Especial Antidroga de la Audiencia Nacional, se prolongó durante más de un año y permitió constatar que la organización habría introducido en Europa unos 57.000 kilos de cocaína solo en el último año, operando desde Sudamérica hasta distintos puntos del continente.
Una red transnacional altamente especializada
La estructura criminal tenía presencia en Galicia, Andalucía, Canarias, Ceuta, Portugal y Marruecos, con conexiones directas en Colombia y Brasil. Utilizaban embarcaciones de alta velocidad capaces de superar los 40 nudos para salir desde el río Guadalquivir y otros puntos del sur peninsular hasta el Atlántico, donde realizaban el trasvase de la droga desde buques nodriza. Posteriormente regresaban al archipiélago canario y al sur de la Península.
Para eludir la acción policial, operaban principalmente de noche y empleaban comunicaciones encriptadas, teléfonos satelitales y lenguaje codificado, además de una extensa red de vigilancia costera que alertaba de la presencia de medios policiales marítimos y aéreos.
Operativo en el Campo de Gibraltar
Durante la fase de explotación operativa, los agentes, con apoyo del GEO y del GOES, intervinieron 70 vehículos, 30 embarcaciones, seis inmuebles, tres armas de fuego, más de 800.000 euros en efectivo, dos hexacópteros y más de 150 teléfonos móviles, así como material tecnológico y náutico valorado en 2,5 millones de euros. Parte clave del operativo se centró en el Campo de Gibraltar, considerado uno de los principales nodos logísticos de la organización.
Las pesquisas revelaron además la existencia de auténticas plataformas flotantes, donde los pilotos podían permanecer más de un mes en alta mar, con relevos de tripulación y suministro continuo de combustible y víveres. En uno de los episodios más graves, la organización habría llegado a pagar 12 millones de euros a la familia de un tripulante fallecido para garantizar su silencio.
La operación contó con una amplia cooperación internacional, en la que participaron la NCA británica, la DEA estadounidense, Europol, la DGSN marroquí, el MAOC-N y autoridades de varios países, además del apoyo directo del CNI, y ha sido cofinanciada con fondos europeos de seguridad interior.
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