El dolor de la pérdida, el recuerdo de los amasijos de hierro y la mirada puesta hacia al futuro han sido las claves del discurso de Liliana Saénz, hija de Natividad de la Torre, una de las onubenses fallecidas en el Alvia. Ha tomado la palabra con una flor blanca entre los dedos, un rosario en la muñeca y dos ojos llenos de lágrimas. En ese dolor, en el fondo, había una esperanza: el luchar por la verdad de aquel accidente que acabó con la vida de su madre.
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Esa lucha «se hará desde la serenidad», o así lo ha expresado la hija de la víctima, en representación de todos los padres, hijos, hermanos y amigos que perdieron a un ser querido en el trágico accidente. Acompañada de su hermano Fidel, Liliana ha hablado ante más de 4.000 personas que han seguido una ceremonia presidida por los Reyes y con presencia institucional.
Una sólida unión al pueblo de Adamuz
Dos minutos de ovación han acariciado el recuerdo de sus palabras. En ellas ha encontrado un hueco, guardado con cariño y dolor al mismo tiempo, para el pueblo de Adamuz. «Sin pensar en las consecuencias, no dudaron en sumarse al caos de los hierros retorcidos, la sangre, el dolor y las lágrimas para acompañar a nuestros heridos hasta que estuvieron seguros de que estaban a salvo», ha indicado.
«Y luego nos acompañaron en nuestro lamento. Pusieron a nuestra disposición el sustento y el cobijo de esos amargos días, pero sobre todo pusieron todo su cariño, su entrega y su deseo de hacer que ese duro momento doliera un poco menos», ha añadido.
Crítica a la «polarización» política
Durante su discurso, Sáenz ha agradecido también la labor de las instituciones que se pusieron de frente desde el minuto cero, soportando el caos y los envites de sus propias angustias, aunque no ha evitado reprochar a la «lentitud de la información» porque «siempre es mejor saber que imaginar». También ha hecho una crítica velada al clima político en España al afirmar que las 45 víctimas eran parte de una «sociedad tan polarizada que empezó a resquebrajarse hace mucho tiempo y no nos estábamos dando cuenta».
Una herida que se curará con «la verdad»
El punto más emotivo de su discurso se ha producido al referirse expresamente a las 45 personas que perdieron su vida en los trenes el domingo 18 de enero. «Eran vagones llenos de virtudes y defectos, de triunfos y derrotas, de anhelos y silencios, de esperanza. Porque ellos no solo son los 45 del tren, eran nuestros padres, madres, hermanos, hijos o nietos ellos, la alegría de nuestros despertares y el refugio de nuestras penas, la ilusión de buscar un futuro mejor, de disfrutar momentos en familia o el deseo de volver con sus seres queridos, ellos eran esto que ya nunca serán», ha dicho emocionada.
«Y nosotros somos las 45 familias a las que se les paró el reloj a las 19.45 de aquella fatídica tarde, que se abrazaron en aquel centro cívico donde el paso del tiempo se iba inundando de silencio y el silencio iba dejando paso al llanto cuando empezamos a comprender en el lento avance de las horas que volveríamos sin ellos», ha rememorado antes de proclamar que también son las 45 familias que lucharán por saber la verdad «porque solo la verdad nos ayudará a curar esta herida que nunca cerrará».
Sus palabras han calado entre todos los presentes, que no dudaban en sonreír de la empatía y llorar del desconsuelo que comparten, y que solo ellos entienden. «Sabremos la verdad, lucharemos para que nunca haya otro tren, pero lo haremos desde la serenidad, el alivio y la paz de saber que ahora duermen en los brazos de la Virgen de la Cinta», ha concluido.
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