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Misterios sin resolver: las autorías de los Dolores de San Vicente y de las Lágrimas de la Exaltación

El programa ‘Al Cielo’, emitido en 101TV Sevilla emitió el penúltimo capítulo de la series de imágenes anónimas, centrado en el misterio, los enigmas y las incógnitas que rodean la autoría de dos dolorosas únicas, singulares y sin precedentes en la Semana Santa de Sevilla: la Virgen de las Lágrimas de la Hermandad de la Exaltación y la Virgen de los Dolores de las Penas de San Vicente.

El análisis fue abordado por los historiadores e investigadores Andrés Luque, Jesús Romanov, José María Escudero y Nolasco Alcántara, quienes insistieron en la necesidad de aceptar la duda como parte esencial del estudio histórico cuando la documentación es escasa, apenas existen obras similares y las obras han sufrido profundas transformaciones.

Las Lágrimas

En el caso de la Virgen de las Lágrimas, los especialistas coincidieron en señalar que se trata de una de las imágenes más difíciles de atribuir de toda la imaginería sevillana. No existen paralelos claros, ni dentro del barroco sevillano del siglo XVII ni en etapas posteriores, lo que la convierte en un caso prácticamente único. El único dato documental que aporta la hermandad sitúa en 1674 la realización de una “urna” por Luis Antonio de las Arcos, término que debe entenderse como paso procesional y no como referencia a la hechura de la imagen, dejando claro que la Virgen ya existía entonces, aunque no necesariamente con el aspecto actual.

El análisis formal refuerza esa incertidumbre. La Virgen de las Lágrimas no presenta los grafismos habituales de la escuela sevillana conocida, ni en el tratamiento de la nariz, ni en la boca, ni en la relación entre ambos elementos. Su fisonomía se aleja de los modelos barrocos del siglo XVII y, además, se encuentra muy condicionada por múltiples repolicromías que han “empastado” la superficie, ocultando rasgos esenciales para un estudio morfológico riguroso. Esta superposición de capas pictóricas dificulta enormemente la lectura de la obra original, hasta el punto de permitir la observación, pero no el análisis preciso de su génesis.

La intervención de Joaquín Caro

Uno de los hallazgos más relevantes se produjo durante la restauración realizada en 2006, cuando el restaurador Pedro Manzano localizó en el interior de la mascarilla un documento firmado por Joaquín Cano, pintor, dorador y estofador activo en el siglo XVIII y vinculado a la Escuela de las Tres Nobles Artes. En dicho escrito se afirma que Cano retocó la imagen, le colocó ojos de cristal y la policromó, lo que indica que buena parte de la apariencia actual de la Virgen procede de esa intervención tardía. Este tipo de firmas internas, habituales en los siglos XVII y XVIII, funcionan como una suerte de “sello” estructural que certifica la autoría o, al menos, una intervención decisiva.

A partir de ahí se abren varias hipótesis. Por un lado, la posibilidad de que se trate de una imagen del siglo XVII profundamente transformada en el XVIII por Joaquín Cano o por su hermano Juan, escultor. Por otro, la sorprendente semejanza con dolorosas malagueñas atribuidas a la saga de los Gutiérrez de León, especialmente con obras vinculadas a Salvador Gutiérrez de León, activo en el siglo XVIII. Los investigadores subrayaron que no se trata solo de parecidos visuales, sino de rasgos técnicos concretos, como la horizontalidad entre cejas y ojos, la boca más estrecha de lo habitual o la peculiar construcción de los pómulos y la mandíbula. Sin embargo, la cronología que aporta el documento interior plantea contradicciones que obligan a extremar la prudencia.

Conclusiones

Lejos de cerrar una atribución, los historiadores defendieron la necesidad de mantener abiertas todas las posibilidades, recordando que la función del historiador del arte no es forzar conclusiones, sino manejar los datos con rigor y reconocer cuando no se puede llegar a una certeza. En ese sentido, la Virgen de las Lágrimas se sitúa, de forma provisional, entre finales del siglo XVII y el siglo XVIII, como una obra ajena a los cánones sevillanos tradicionales y marcada por intervenciones que han redefinido su identidad visual. Su singularidad, precisamente, constituye uno de sus mayores valores patrimoniales y devocionales.

Dolores de San Vicente

El análisis de la Virgen de los Dolores de las Penas de San Vicente se movió en coordenadas distintas, aunque igualmente enigmáticas. Los investigadores coincidieron en que no se trata de una obra de escuela sevillana, sino de una imagen abierta a influencias externas, posiblemente gaditanas, antequeranas, italianas o genovesas, realizada en un contexto de transición entre el siglo XVIII y los inicios del XIX. La ausencia de documentación directa ha obligado a reconstruir su historia a partir de datos indirectos, como su presencia en un retablo colateral de la capilla sacramental de San Vicente, inaugurada en 1781, fecha que sirve como referencia cronológica habitual.

Desde el punto de vista formal, la Virgen de los Dolores presenta una estructura racional, construida a base de planos muy definidos en las mejillas y el rostro, alejándose del organicismo y el patetismo barroco para acercarse a los ideales de la razón ilustrada. Esta manera de construir la imagen, basada en la depuración y el cálculo, apunta a un escultor formado en un ambiente académico, donde la belleza se busca desde la reflexión y no desde el dramatismo externo. Al mismo tiempo, la imagen conserva una intensidad interior que anticipa sensibilidades románticas posteriores.

José Fernández Guerrero, posible autor

Las comparaciones planteadas durante el programa abrieron un amplio abanico de posibles autorías. Se señaló su cercanía técnica con la Virgen de las Angustias de la Hermandad del Ecce Homo de Cádiz, obra de José Fernández Guerrero, así como la posibilidad de un origen antequerano vinculado a Andrés de Carvajal, hipótesis publicada y fundamentada en comparativas faciales. También se mencionaron posibles conexiones con talleres genoveses o con círculos escultóricos activos fuera de Sevilla, insistiendo en la diferencia entre escuelas propiamente dichas y círculos de producción artística.

Un factor decisivo en la percepción actual de la imagen es la restauración realizada por Sebastián Santos en 1960, cuando la Virgen se encontraba gravemente afectada por la polilla. La intervención supuso una reconstrucción profunda y una nueva policromía, realizada con la maestría técnica que caracterizó a Santos, cuyas veladuras y matices aportaron una riqueza cromática excepcional. Esta actuación, aunque salvó la imagen, añade una capa más de complejidad a la hora de precisar su autoría original.

Conclusiones

Las conclusiones finales no pretendieron cerrar el debate, sino situarlo con honestidad intelectual. La Virgen de los Dolores de las Penas de San Vicente fue ubicada de forma consensuada en el contexto de la Ilustración, como una obra de gran calidad, concebida desde una mentalidad racional y académica, ajena al barroco sevillano clásico y abierta a influencias externas. Tanto en este caso como en el de la Virgen de las Lágrimas, los investigadores reivindicaron el valor de la incógnita como motor del conocimiento, recordando que aceptar no saberlo todo es, también, una forma de rigor científico y de respeto al patrimonio histórico-artístico.

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