Cuando Iker Peregrina llega al circuito de kart de Atarfe, comienza el ritual: movimientos de tobillos, flexión de rodillas, extensión de los dedos de las manos… La rutina que conoce ya de memoria. Entretanto, su mente empieza a proyectar imágenes a velocidad de vértigo. La primera curva, la recta en la que puede ganar velocidad, la caída en la que puede acariciar el asfalto… Hasta que llega el momento. Se monta en la moto, en lo que su manager y padrastro, Daniel Pérez, le ajusta el casco y los guantes, y comienza a acelerar. La meta, mucho más que ver la bandera a cuadros; cumplir el sueño de correr en MotoGP.
El granadino de 11 años que sueña con ser piloto de Fórmula 1
Tiene diez años, es de Maracena y, aunque todavía no ha corrido su primera carrera, cuentan quienes le han visto que apunta alto. «Este año hemos decidido apostar por correr», apunta su manager, que también ejerce casi de la totalidad de la escudería. «Va por buen camino. En el mundo del motociclismo puedes empezar a cualquier edad, pero normalmente se pone a los niños a correr desde los tres años o cuatro. Ha empezado más tarde, pero va a entrar en la categoría que le corresponde por edad», precisa. En concreto, en esta temporada se incorpora en la categoría de Mini GP 110. Competirá en la Copa ANPA, del Campeonato Andaluz, aunque todavía medita alistarse en el Nacional.
«Es fruto del esfuerzo y el sacrificio que él también tenga. Aparte de las notas, que es algo esencial y se lo exigimos en casa porque si no, no hay motociclismo, a día de hoy se esfuerza bastante. Entrenamos días de lluvia en los que no apetece para nada coger la moto, días que hace 40ºC en verano y, a lo mejor, estás rodando desde las 16.00 hasta las 20.00 horas», agrega Daniel Pérez. Iker, mientras tanto, va echando chispas en cada curva. «Empecé con una minimoto que valía 50 euros», recuerda la promesa maracenera, alentado precisamente por su padrastro. «Él estaba principalmente siempre jugando al fútbol y no parecía que le llamara la atención», agrega el manager. «Hasta que un día fuimos a Campillos a entrenar y, como había más niños pequeños, dijo que quería probar», narra. Lo hizo y la adrenalina que empezó a correr por sus venas le sedujo.
Fue el inicio de una nueva vida para Iker. Comenzó a desarrollar una exigente rutina de entrenamientos que combina la pista con la fuerza física, sin olvidar el colegio, claro. «Es bastante liosa. Te tienes que saber todo lo de los estudios y aplicarlo en las motos», se encoge, deseoso de correr su primera carrera. Quiere que sea la luz verde de una larga trayectoria que, ambicioso, desea llevar hasta lo más alto. «Mi sueño sería llegar a todas las categorías de MotoGP y ganar en la categoría reina. Es bastante, pero yo creo que se puede», determina con una seguridad inaudita.
Financiación
Desde la barrera, observa inquieta su madre, Miriam Peregrina, el motivo por el que al pequeño piloto le gusta llevar el dorsal 13 -se trata del día de su cumpleaños-. «Hoy va mejor. El otro día, salió que se quería comer la pista y se le fue allí», apunta. «Yo tengo sentimientos encontrados. Paso muchísimo miedo cuando está en pista, pero, claro, también me divierto, porque a través del casco le ves que tiene buenas sensaciones, que se encuentra a gusto y se divierte», reconoce. Su padre, José Luis Heredia, está encantado. «Va bastante bien. Él dice que ha empezado un poco más tarde que los demás, pero va muy rápido en su trayectoria. Tiene muchísima personalidad. Es muy chiquitillo, pero muy grande. El tío va echando leches en todo, en estudios, en moto… En todo», describe.
Pero el crecimiento en un deporte como el motociclismo depende en gran medida de una serie de esfuerzos, sobre todo económicos, que implican a todo el entorno de Iker. «Sobre todo, por el nivel de costes que tenemos que asumir padres, familia y amigos para que el niño pueda venir a disfrutar encima de una moto. Tiene unos mantenimientos, recambios, el niño sufre caídas y el vehículo se estropea…», enumera Daniel Pérez. «Estamos buscando patrocinadores que nos echen una mano. Con poquito, a nosotros nos hace mucho. Compaginas el trabajo con los días de ir a entrenar fuera, de carreras… Vamos haciendo un croquis entre mes y mes», agrega Miriam Peregrina.
De repente, Iker echa el freno. El entrenamiento se ha acabado y está exhausto. «Mi estilo se puede decir que está entre agresivo y fino, pero más ofensivo», apunta, ya sin el casco. Ya fuera de pista, le toca seguir soñando, con otro piloto también combativo como espejo. «Mi ídolo es Marc Márquez, por su estilo de pilotaje y la agresividad que tiene. Veo difícil parecerme a él, pero más o menos puedo hacerlo. En las caídas, sí me parezco», se encoge.

