Ali El Kardoufi, cocinero en Sevilla, pensó que iba a morir el pasado sábado cuando un proyectil impactó contra el edificio en el que se alojaba en Baréin. Sentado en el sofá de su apartamento, escuchó un estruendo ensordecedor y comenzó a ver humo. Minutos antes, había grabado un vídeo y un audio de despedida para su hijo. “Solo pienso en la gente que vive esto todos los días. La verdad, prefiero morir antes que vivir todos los días algo así como lo hacen en Gaza».
“Yo pensaba que iba a morir. Pensaba que en cualquier momento iba a caer otro misil”, relata desde Riad, la capital de Arabia Saudí, donde permanece a la espera de un vuelo para regresar a España. El ataque comenzó a percibirlo horas antes. “Me llegó un mensaje al móvil alertando de misiles, pero pensé que era una tormenta. Miré por la ventana y no había lluvia. Después un amigo me llamó y me dijo que estaban atacando una base militar americana”.
Sin embargo, al caer la tarde, la situación cambió. “Sobre las siete y media los bombardeos se escuchaban cada vez más cerca. Hasta que uno impactó en nuestro edificio. Fue un momento de locura”. El impacto lo sorprendió dentro de la vivienda. “Sentí un pitido muy fuerte en el oído. Abrí la ventana y pensé que había caído al lado, pero había chocado contra el mismo bloque”. En cuestión de segundos, el edificio se convirtió en una escena de pánico: “Gente bajando, otros subiendo buscando a sus familiares, militares sacando personas. Era caos total”.
«Grabé un audio para despedirme de mi hijo»
En medio de esa huida, solo cogió su riñonera con el pasaporte y el dinero. Pero antes dejó un mensaje que, asegura, nunca olvidará: “Grabé un vídeo y un audio para despedirme de mi hijo. Le dije a su madre que por favor le dijera que lo quiero mucho, que no deje de hablar de mí, que no me olvide”. “Fue una situación de mucho miedo. Yo no estoy acostumbrado a vivir algo así”, explica.
Tras ser evacuado por soldados, decidió no quedarse en el lugar que consideraban seguro. “Saqué los 300 euros que tenía encima y empecé a ofrecerlos a conductores para que me sacaran del país. Les dije que me llevaran a Arabia Saudí, que pagaba lo que hiciera falta”. Un conductor aceptó y logró cruzar la frontera por un puente que, según cuenta, fue cerrado poco después. “Tuve suerte de salir”. Ahora, desde Riad, reconoce las secuelas psicológicas. “Estoy teniendo muchas pesadillas. Cuando escucho un avión pienso que es un misil”.
La experiencia le ha cambiado profundamente. “Yo he vuelto a nacer. Me siento muy afortunado”. Mientras espera un vuelo que no se cancele, solo tiene una prioridad clara: “Ahora solo quiero volver con mi familia y disfrutar la vida más que nunca”.
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