A sus 63 años, Sarah Mullaly ha hecho historia. La prelada inglesa ha sido consagrada como la primera obispo de Canterbury y, por consiguiente, se convierte también en la primera mujer en dirigir la centenario Iglesia anglicana. Esta cuenta con más de 90 millones de fieles en el mundo entero y tendrá la labor de lidiar con los escándalos de abusos, las divisiones internas y la pérdida de fieles que atraviesa la fé.
2.000 personas acudieron a la ceremonia
Mullaly llegó a la Catedral de Canterbury y comenzó la ceremonia como manda la tradición. La arzobispo llamó a la puerta del recinto tres veces antes de ser recibida en el interior. Dentro le esperaban unas 2.000 personas para presenciar la ceremonia de su nombramiento, entre las que se encontraban el príncipe Guillermo y su esposa, Catalina. «He sido enviada como arzobispa para serviros, para proclamar el amor de Cristo y para adorarlo con vosotros, y amarlo con el corazón y el alma», declaró Mullaly al comienzo de su consagración.
Durante la ceremonia, la nueva obispo tuvo unas palabras para sus fieles: «Me comprometo solemnemente ante vosotros a servir a la Iglesia de Inglaterra, a la comunión anglicana y a toda la Iglesia de Cristo en todo el mundo, para que juntos podamos proclamar el Evangelio de Cristo, que nos reconcilia con Dios y derriba los muros que nos separan». Mullaly sentenció su discurso alegando que se debe estar comprometido con «la verdad, la compasión, la justicia y la acción».
Fin a un problema enquistado desde 2024
De esta forma, la Iglesia anglicana pone fin a un proceso que venía alargando desde 2024. En aquel momento se produjo la dimisión del anterior obispo, Justin Welby, tras no actuar correctamente en el caso de John Smyth, un abogado vinculado a la Iglesia que abusó de unos 130 niños durante las últimas décadas del siglo pasado. Mullaly tendrá un importante reto por delante y su nombre sienta un precedente histórico al convertirse en la primer mujer obispo de Canterbury.

