Las acampadas por la vivienda no cesan bajo el Metropol Parasol que diseñara Jürgen Mayer en el año 2004, cuando España respiraba dentro de una nube de crisis social y política tras el 11-M. No imaginaría el arquitecto alemán, cuando las proyectó para la Plaza de la Encarnación de Sevilla, que su obra acabaría siendo el cielo más cercano de todo un despliegue de reivindicación, hartazgo y de un clamor de «basta ya», por días.
«Menos Airbnb, más VPO». Como si de una balconera se tratase, se lee esta proclama sobre una de las tiendas de campaña que descansan, desde hace ya tres días, en el centro de la ciudad hispalense.
Tras saltar la polémica por el desahucio de Maricarmen, ya conocida por todos, y el acuerdo a través del que regresará a su hogar de toda la vida, los dos nuevos reales decretos-ley de vivienda aprobados este martes por el Gobierno y lo que proponen, ni han apaciguado el malestar social, ni han caído demasiado de pie.
Las tiendas de campaña continúan instaladas en pleno centro de la ciudad pese a los dos reales decretos-ley del Gobierno presentados este martes, un paquete de medidas al que en el debate público ya se ha denominado «decreto Maricarmen».
El Ejecutivo ha dividido finalmente las medidas en dos decretos. El primero incluye, entre otras cuestiones, la ampliación de la protección frente a los desahucios hasta el año 2030, medidas sobre el alquiler de temporada y determinadas compras de vivienda por parte de fondos de inversión, además de una prórroga extraordinaria de algunos contratos de alquiler. El segundo plantea la renovación automática de determinados contratos de vivienda habitual.
Ahora la atención está puesta en el Congreso de los Diputados. Los dos decretos tendrán que ser convalidados por la Cámara Baja y está previsto que se voten este viernes en un Pleno extraordinario. El resultado de esa votación determinará si las medidas se materializan.
Mientras tanto, en las Setas de Sevilla, al igual que en Sol en Madrid o en Plaza de la Constitución, la protesta mantiene sus tiendas y su reivindicación. Durante la mañana de este miércoles había menos gente concentrada, algo que los participantes relacionan también con que muchas personas tienen que acudir a sus puestos de trabajo. La actividad se desarrolla, por tanto, con una presencia más reducida durante las primeras horas, aunque la acampada continúa instalada, igual que la lucha de quienes están allí, y también la de los que no.
La mirada de los manifestantes está ahora puesta en lo que ocurra el viernes en Madrid. Hasta entonces, las tiendas permanecen y permanecerán en las Setas de Sevilla como parte de una movilización que reclama medidas ante la situación de la vivienda y que, pese a los anuncios prometidos por el Gobierno, mantiene abiertas sus reclamaciones.


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