Andalucía está oficiosamente en precampaña. El 28F marcó el día uno de una nueva fase de la contienda, que viene endureciéndose en los últimos meses cargada de retórica política. El remate han sido los ecos que llegan desde Madrid que avisan de un posible superdomingo donde las elecciones andaluzas se sumen a un adelanto electoral en Cataluña y, posiblemente, de las generales.
Juanma Moreno parte como indiscutible favorito para el triunfo electoral en busca de una «mayoría suficiente», asumiendo que el tirón de Vox le puede hacer perder la mayoría absoluta. María Jesús Montero sigue la estrategia del choque con los populares, tratando de oscurecer la imagen de moderación que el presidente andaluz ha construido a lo largo de la legislatura. Vox mantiene su línea: discurso nacional, sin reivindicar el 28-F, y cargando contra el bipartidismo como responsable de los problemas estructurales de la comunidad. La izquierda del PSOE, por su parte, sigue fragmentada y en busca de un espacio propio.
La izquierda en Andalucía sigue fragmentada: tres candidaturas distintas en 2026
Las fechas posibles para la cita electoral siguen sobre la mesa. El 31 de mayo y el 14 de junio son las más barajadas; el 7 de junio quedó prácticamente descartado al coincidir con el Domingo del Corpus Christi. Sobre ese calendario planea, sin embargo, la sombra del superdomingo. Fue Emiliano García-Page quien abrió la veda, apuntando a que Sánchez podría impulsar una convocatoria conjunta con las generales y las catalanas. En sus palabras: «Siempre cuando han coincidido ambas no sólo ha aumentado la participación, sino que siempre ha salido más reforzado el PSOE.»
Aunque Montero lo descartó en términos rotundos desde Sevilla —»no, definitivamente no»—, insistiendo en que Sánchez «ha sido muy claro» y «va a agotar la legislatura», el bloqueo de Junts al Gobierno en el Congreso y la complicada negociación de los socialistas catalanes con ERC para aprobar los presupuestos autonómicos dan alas a esta posibilidad. El propósito sería movilizar a un votante de izquierdas andaluz que no se siente especialmente incómodo con Moreno y tendería a la abstención en unas autonómicas en solitario, pero que ante la convocatoria de elecciones generales acudiría a las urnas para apoyar a los socialistas y cerrar el paso a Vox. El PSOE aspira a recuperar cerca de medio millón de votantes que no le apoyaron en las andaluzas de 2022 pero sí lo hicieron en las generales de 2023.
El PSOE aspira a recuperar cerca de medio millón de votantes que no le apoyaron en las andaluzas de 2022 pero sí lo hicieron en las generales de 2023
Las elecciones andaluzas, de nuevo como foco de debate nacional
Es un episodio más de la nacionalización del debate andaluz. Moreno trata continuamente de desmarcarse, como demostró reivindicando la autonomía del PP-A respecto al marco ideológico con el que los populares negocian los pactos con Vox en otras comunidades. El presidente fue claro en una entrevista en Onda Cero: «Imagino que van a intentar hacerlas coincidir para elevar la movilización de la izquierda y arañar algún diputado más en Andalucía y que los debates de política nacional puedan apagar el debate autonómico.»
El argumento del agravio del Gobierno central hacia Andalucía ha sido uno de los ejes políticos que Moreno ha manejado a lo largo de la legislatura. El nuevo sistema de financiación negociado con el independentismo catalán ha sido uno de los principales arietes contra Montero, que además de candidata ha sido la responsable de esa negociación en su papel como vicepresidenta primera y titular de Hacienda.
Un panorama que los populares andaluces siguen con atención, ya que sus intereses pasan por un debate centrado en Andalucía y en la venta de su modelo de gestión. Los socialistas, fuera de la Junta desde 2018, afrontan unos sondeos que auguran un nuevo castigo, que podría ser especialmente severo si Vox los adelanta como segunda fuerza en votos o escaños. Los de Abascal, entretanto, sigue pendiente de los resultados en Castilla y León y de las negociaciones de gobierno en Extremadura y Aragón, afinando un discurso que también en Andalucía apunta antes a Madrid que al Palacio de San Telmo.
El PP, con la mayoría absoluta en el aire y PSOE y Vox se disputan la segunda plaza
Los sondeos más recientes coinciden en lo esencial: PP ganador pero con la mayoría absoluta en el alambre, Vox en ascenso y el PSOE camino de su peor resultado histórico en unas autonómicas andaluzas. Sigma Dos (El Mundo, 27-F) otorga al PP el 40,4% y entre 53 y 55 escaños —la mayoría absoluta está fijada en 55—, mientras Vox sube al 18% y se queda a menos de tres puntos de un PSOE que cae al 20,8% y perdería entre tres y seis diputados respecto a 2022. Gesop (Prensa Ibérica, 28-F) es más severo: deja al PP en el 38,5% y entre 50 y 53 escaños, con PSOE y Vox en empate técnico en el 20%.
A cuatro meses de las elecciones, así está el tablero. La primera gran incógnita es si el PP logrará mantener la mayoría absoluta o si el crecimiento de Vox le obligará a negociar, replicando en Andalucía el desgaste que ya sufren Guardiola en Extremadura y Azcón en Aragón. La segunda es hasta dónde llegará la caída socialista y si Montero conseguirá frenarla antes de que Vox la supere como segunda fuerza, un escenario que pondría en evidencia los límites de apostar por la estela de Sánchez como estrategia electoral en una comunidad donde el PSOE lleva ocho años fuera del gobierno. La tercera, y quizás la más determinante, es si Madrid intervendrá en el calendario. Un súper-domingo beneficiaría al PSOE por movilización y a Vox por nacionalización del discurso, y perjudicaría al PP andaluz, que ha construido toda su estrategia sobre un debate centrado en la gestión autonómica. Si Sánchez aprieta el botón, las elecciones andaluzas dejarán de ser andaluzas.
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