La huella ensangrentada del dedo pulgar del pie izquierdo permitió a la Guardia Civil identificar al presunto autor del asesinato de un hombre de 47 años de la localidad sevillana, La Rinconada. El rastro quedó marcado en el suelo de la vivienda donde se produjo el crimen y fue determinante para vincular a Manuel, un amigo de la víctima que se alojaba en su casa desde hacía dos semanas, con el homicidio cometido a principios de mayo de 2025.
El cadáver de José Ricardo fue hallado sobre la una de la tarde del 6 de mayo en el interior de un local de la calle Hernán Cortés que estaba siendo reformado y que anteriormente había albergado un negocio familiar. El cuerpo apareció boca abajo, entre un sofá y una cama. La autopsia determinó que la muerte se produjo varios días antes, entre la madrugada del 3 de mayo y el mediodía del 4 de mayo, tras recibir alrededor de una veintena de puñaladas.
Una huella clave en la escena
Durante la inspección del lugar del crimen, los investigadores localizaron varias huellas plantares marcadas con sangre. Una de ellas, correspondiente al dedo pulgar del pie izquierdo, se convirtió en una pieza clave de la investigación.
Según el informe remitido por la Guardia Civil al juzgado que instruye el caso en Sevilla, el rastro se habría producido cuando el presunto agresor perdió una de las babuchas que llevaba puestas durante el ataque. Al caminar descalzo con el pie izquierdo, habría pisado un charco de sangre que se estaba formando en el suelo, dejando la marca que posteriormente sería analizada por los especialistas.
En el interior de la vivienda se encontró una sola de esas zapatillas de andar por casa, manchada de sangre tanto en la suela como en la parte superior. El Servicio de Criminalística de la Guardia Civil comparó la huella hallada en el lugar del crimen con un pelmatograma, una impresión de la planta del pie, del sospechoso.
El análisis determinó que existía una coincidencia plena entre ambas huellas. Los expertos localizaron doce puntos característicos coincidentes en cuanto a forma, ubicación y número de crestas, una cifra superior a los ocho o diez puntos que la jurisprudencia considera suficientes para establecer la identidad entre dos impresiones plantares.
Esa correspondencia permitió identificar sin dudas la huella con el dedo pulgar del pie izquierdo de Manuel.
Un ataque violento y sorpresivo
Los investigadores concluyeron que el ataque fue repentino y extremadamente violento. En la vivienda no se detectaron signos de lucha ni desorden significativo en el mobiliario, lo que sugiere que la víctima tuvo escasas posibilidades de defenderse. La autopsia confirmó la existencia de múltiples heridas de arma blanca, lo que refuerza la hipótesis de una agresión reiterada.
El presunto autor llevaba alrededor de dos semanas alojado en casa de Ricardo, quien lo había acogido. Ambos trabajaban juntos en labores de albañilería, aunque la víctima ya se encontraba jubilada. El sospechoso cuenta con numerosos antecedentes policiales, en torno a una veintena, entre ellos por delitos violentos como robos con fuerza o intimidación, amenazas, daños, lesiones con arma blanca y malos tratos.
Tras el hallazgo del cadáver, Manuel fue interrogado en dos ocasiones como testigo. Durante sus declaraciones trató de explicar los movimientos de la víctima en las horas previas a su desaparición. Según su versión, el sábado 4 de mayo ambos habrían acudido a comprar material para una obra y posteriormente se dirigieron a un punto de consumo de cocaína en el Polígono Norte, donde supuestamente conocieron a dos mujeres con las que continuaron consumiendo droga. Siempre según su relato, las cuatro personas habrían regresado después a la vivienda de Ricardo.
Una versión sin testigos
Los investigadores no encontraron indicios que respaldaran esa versión. Ninguno de los familiares ni de los testigos que estuvieron en el edificio afirmó haber visto a las dos mujeres mencionadas por el sospechoso. Además, la inspección de la vivienda no detectó restos que indicaran la celebración de una fiesta. En la mesa del salón únicamente se localizaron dos vasos, un plato vacío y una botella de cerveza, elementos que los agentes consideran más compatibles con la presencia de dos personas.
Desde la tarde del sábado, ningún familiar volvió a ver a Ricardo. Cuando algunos intentaron acceder a su vivienda, Manuel se lo impidió asegurando que estaba acompañado por las dos mujeres. Incluso llegó a advertir a uno de los conocidos que no bajara porque el dueño de la casa estaba alterado y podía reaccionar de forma agresiva.
Durante la noche del sábado, el sospechoso permaneció en la vivienda de los hermanos de la víctima, situada en la planta superior del inmueble, donde estuvieron viendo la televisión, jugando a las cartas y tomando copas.
El cuerpo fue finalmente descubierto el martes 6 de mayo por uno de los hermanos de la víctima. En los días posteriores a la supuesta desaparición, Manuel había asegurado que había intentado contactar con Ricardo por teléfono en varias ocasiones sin obtener respuesta. También bajó en solitario a la vivienda el lunes para coger comida del frigorífico y aseguró a la familia que no había observado nada extraño.
La entrega de pruebas
En su primera declaración, el sospechoso accedió voluntariamente a facilitar muestras de ADN, huellas de manos y pies, así como impresiones de la suela de su calzado. También entregó su teléfono móvil para que fuera analizado.
Reconoció además que las babuchas encontradas en la vivienda eran de su propiedad y que la última vez que las había utilizado fue la mañana del sábado para desayunar. Según explicó, en ocasiones la víctima también se ponía esas zapatillas.
Afirmó igualmente que desde la noche del sábado únicamente había entrado en la cocina del apartamento y no en el salón, donde finalmente se determinó que se produjo el crimen.
Más noticias de 101TV en las redes sociales: Instagram, Facebook, Tik Tok o X. Puedes ponerte en contacto con nosotros en el correo informativos@101tv.es

