Los vecinos de la manzana de Pinillos, en el barrio sevillano de Nervión, han encendido las alarmas ante el inicio de obras en parte del edificio, pese a que —según aseguran— el proyecto de ejecución aún no cuenta con aprobación definitiva. La actuación, impulsada por una inmobiliaria que ha adquirido una de las dos mitades de la parcela, contempla la construcción de un aparcamiento subterráneo de tres plantas con capacidad para 237 plazas y 130 trasteros en un inmueble protegido patrimonialmente desde 1925.
Uno de los principales puntos de conflicto es el acceso al futuro aparcamiento. Según denuncian los residentes, la entrada prevista tiene una anchura de 3,85 metros, insuficiente para albergar los dos carriles necesarios, que requerirían al menos seis metros. A su juicio, este aspecto incumpliría los parámetros técnicos exigibles para este tipo de infraestructuras.
Temor por el patrimonio
El edificio cuenta con protección, lo que limita las intervenciones que pueden realizarse. Sin embargo, el proyecto incluiría la construcción de áticos en las cubiertas, una actuación que, según los vecinos, estaría prohibida por el nivel de protección del inmueble. Además, critican que no se habrían realizado catas arqueológicas previas ni se estaría trabajando con supervisión arqueológica, algo que consideran imprescindible dado el valor histórico del conjunto.
Otro de los elementos que genera inquietud es la cesión de parte del patio interior al Ayuntamiento. Según explican los vecinos, la inmobiliaria entregaría aproximadamente la mitad de este espacio público a cambio de poder desarrollar el aparcamiento subterráneo, una operación que consideran perjudicial para el uso y disfrute común del inmueble.
El proyecto también contempla la transformación de locales comerciales interiores en viviendas tipo dúplex. Los residentes sostienen que estas modificaciones tampoco encajarían con las condiciones urbanísticas ni con la configuración actual del edificio.
Más allá del debate urbanístico, los vecinos denuncian problemas ya visibles. Aseguran que, debido a la estrechez del acceso al interior de la parcela, los camiones de obra están rozando y dañando paredes del edificio al entrar, provocando deterioros en la estructura existente.
La situación es especialmente compleja porque el inmueble está dividido en dos partes: una sigue habitada por los vecinos y la otra pertenece a la inmobiliaria. Esta convivencia forzada entre residentes y obras está generando tensiones crecientes.
Los vecinos han solicitado al Ayuntamiento que revise las licencias concedidas y, en su caso, las revoque. Insisten en que el proyecto, tal y como está planteado, presenta irregularidades tanto técnicas como patrimoniales, y reclaman una intervención urgente para frenar unas obras que consideran prematuras y potencialmente ilegales.

