El mar arranca la semana con malas pulgas en el sur. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha activado este lunes, 2 de marzo, el aviso amarillo por oleaje en varios puntos de Almería, Cádiz y Granada, un recordatorio de que, cuando el viento se encajona en el litoral, la costa puede volverse territorio incómodo en cuestión de horas.
En Almería, el Levante almeriense y el área de Poniente y la capital pasan el día bajo vigilancia por fenómenos costeros hasta la medianoche. Se espera viento del este y nordeste con velocidades de 50 a 60 km/h (fuerza 7), suficiente para levantar un oleaje de dos a tres metros. No es una cifra espectacular sobre el papel, pero sí de las que cambian el guion: rompeolas que reciben golpes más secos, paseos marítimos con salpicaduras traicioneras y pequeñas embarcaciones para las que el día se hace largo.
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La provincia almeriense suma además otro ingrediente a última hora: aviso amarillo por rachas de viento en Poniente y Almería capital desde las 20.00 hasta el final de la jornada. En ese tramo, el nordeste podría apretar hasta alcanzar los 70 km/h, un empujón capaz de complicar la conducción en zonas expuestas, mover lo que esté mal sujeto en balcones y azoteas y, sobre todo, dejar esa sensación de ciudad a la intemperie que trae el viento cuando llega con prisa.
En Cádiz, el foco se desplaza al Estrecho, donde el aviso amarillo por oleaje se mantiene hasta las 12.00. Allí, el levante soplará con fuerza 7, entre 50 y 61 km/h, especialmente al oeste de Tarifa y mar adentro al sur de Trafalgar. El Estrecho, que ya de por sí es un embudo meteorológico, se vuelve todavía más áspero cuando el levante se adueña del pasillo: el mar se riza, el horizonte se nubla de espuma y todo parece moverse un poco más de lo habitual.
Granada tampoco se libra. En su costa, el aviso por fenómenos costeros se activa desde las 6.00 hasta las 18.00, con viento del este de 50 a 60 km/h (fuerza 7) y olas de dos a tres metros. Un tramo de día en el que el litoral puede pasar de postal tranquila a escenario de oleaje persistente, de esos que no dan tregua y obligan a mirar el mar con respeto.
Con avisos amarillos, la idea no es dramatizar, sino afinar la prudencia. No hace falta una gran tormenta para que una mala racha convierta una mañana de costa en un susto evitable. Hoy, el sur peninsular amanece con el mensaje claro: el mar manda y el viento, por unas horas, lleva el timón.
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