Málaga conmemora este 2026 el centenario de una de las piezas más influyentes de su patrimonio musical: ‘La Expiración’. Compuesta en 1926 por Alberto Escámez para la hermandad del mismo nombre, esta obra no solo marcó un hito en la capital de la Costa del Sol, sino que transformó para siempre la música procesional en toda España.
Lo que hoy escuchamos tras los tronos y pasos de Cristo tiene su origen en esta partitura. Antes de su creación, las bandas de cornetas y tambores se limitaban a ritmos militares básicos. Con ‘La Expiración’, el género dio un salto hacia la profundidad expresiva, convirtiéndose en un discurso musical capaz de transmitir la emoción y el drama del desfile cofrade.

Alberto Escámez: el arquitecto del género
El responsable de este cambio de paradigma fue Alberto Escámez López (1896-1970). Este músico militar, nacido en Linares pero malagueño por adopción, es considerado el «padre» del estilo moderno de cornetas y tambores. Su genialidad consistió en tratar a la corneta no como un instrumento de señales bélicas, sino como un instrumento solista de plenas facultades.
Escámez introdujo una innovación técnica fundamental: la corneta en Do/Re. Para el lector no especializado, esto supuso utilizar un tipo de corneta que permitía alcanzar una escala de notas más amplia, permitiendo componer melodías reales y no solo toques de atención.
Además, el autor comenzó a escribir para cuatro voces, lo que significa que distintos grupos de cornetas tocaban notas diferentes al mismo tiempo, creando una armonía rica y compleja, similar a la de una orquesta, pero con la fuerza del metal y el cuero.
La Banda de los Bomberos: «Madre y Maestra»
La obra no habría tenido el mismo impacto sin su intérprete original: la Banda de Cornetas y Tambores del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga. Fundada en 1911 por el comandante Joaquín Ramírez, fue la pionera del género en Andalucía. Su sonido, nítido y solemne, se convirtió en el modelo a seguir para miles de formaciones posteriores.
A pesar de haber sufrido interrupciones históricas, como su disolución entre 1931 y 1935, la formación siempre logró resurgir. Hoy, bajo la dirección de José Luis Gil de la Cruz, la banda mantiene su sello de identidad: un repertorio clásico y su icónico uniforme de casaca azul marino con casco de penacho blanco.

Un legado que trasciende el tiempo
Más allá de ‘La Expiración’, el legado de Escámez incluye pilares de la tradición como ‘Soleá’, ‘Virgen del Mayor Dolor’ o ‘Cristo del Amor’. Sus obras viajaron con él por ciudades como Zaragoza, Valencia y Adra (Almería), sembrando la semilla de un estilo que hoy es universal en la Semana Santa española.
En este 2026, el centenario de esta marcha recuerda que la música es un patrimonio tan vivo como las propias imágenes religiosas. Cuando los sones de Escámez vuelvan a inundar las calles este año, no solo sonará una composición centenaria; se escuchará la historia de una ciudad que supo convertir el toque militar en una oración musical.
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