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Cómo la moda de vestir a la Virgen de hebrea llegó a Málaga desde Sevilla

Cada año, cuando arranca la Cuaresma, las iglesias de Málaga muestran una imagen que ya se ha vuelto familiar: las imágenes de la Virgen despojadas de coronas y joyas, envueltas en mantos azules y ropas sobrias. Es lo que en el mundo cofrade se conoce como vestir a la Virgen «de hebrea», una tradición que no nació en Málaga, sino en la Sevilla de comienzos del siglo XX.

El origen del estilo se atribuye a Juan Manuel Rodríguez Ojeda, un bordador sevillano que reinterpretó referencias históricas y configuró un modelo concreto de vestimenta para el tiempo penitencial previo a la Semana Santa. Su propuesta era sencilla pero reconocible: manto de raso azul con forro blanco, saya —falda larga— de terciopelo en tonos burdeos, un rostrillo de tul sin ornamentos y un fajín de rayas en lugar de joyas. El resultado era una imagen más austera, más humana, alejada del esplendor habitual de las procesiones.

Las primeras hermandades en adoptar este estilo fueron la Virgen de la Hiniesta y la Esperanza Macarena, dos de las dolorosas más populares de Sevilla. Desde allí, el modelo se extendió por toda Andalucía, primero a través de vestidores especializados y fotografías en revistas cofrades, y después mediante la televisión y los portales digitales dedicados a la Semana Santa.

Por qué se llama «hebrea»

El término hace referencia a la intención de representar a la Virgen María tal como habría sido en vida: una mujer judía del siglo I, sin los atributos regios que la iconografía cristiana le añadió siglos más tarde. Quitarle la corona y los bordados durante los cuarenta días de Cuaresma es, en la práctica, una forma de subrayar el carácter penitencial y de recogimiento de este tiempo litúrgico.

La idea no era solo estética. Detrás había también una razón práctica: muchas hermandades, especialmente tras periodos de crisis económica, no podían costear ajuares ricos para sus imágenes. Las telas sencillas y fáciles de combinar permitían mantener a las Vírgenes en el culto sin grandes gastos.

Málaga llega tarde, pero se suma con fuerza

En Málaga, el cambio fue gradual. Durante décadas, la costumbre en los templos de la ciudad era vestir a las Vírgenes de negro o morado durante la Cuaresma, en sintonía con una piedad marcada por el luto y el dolor. Ese paisaje comenzó a transformarse a partir de la segunda mitad del siglo XX, y de manera más visible desde los años ochenta y noventa, cuando vestidores influenciados por la estética sevillana empezaron a introducir el lenguaje de la hebrea en las parroquias y hermandades malagueñas.

El proceso no fue uniforme. Algunas corporaciones adoptaron el canon clásico casi al pie de la letra; otras lo adaptaron con sus propios colores, incorporando el verde o el morado que caracterizan a muchas cofradías de la ciudad. Hoy conviven tres realidades: hermandades que visten siempre de hebrea en Cuaresma, otras que alternan entre ese estilo y el luto negro según el año o el tipo de culto, y algunas que siguen apostando por la estética oscura tradicional.

 

Una tradición adoptada como propia

Lo que empezó como una influencia externa se ha convertido en parte del calendario devocional de la ciudad. Basta con que aparezcan los mantos azules y los fajines rayados en los templos para que los malagueños sepan que la Cuaresma ha comenzado. Programas de televisión local, revistas especializadas y perfiles en redes sociales dedican cada año reportajes al análisis de estos atuendos, señal de que el fenómeno ha trascendido el círculo estrictamente cofrade.

Un siglo después de que Rodríguez Ojeda diseñara aquel modelo de telas sencillas en Sevilla, Málaga lo ha hecho suyo. La moda llegó de fuera, pero el tiempo la ha convertido en tradición propia.

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