Séptimo aniversario de la muerte del gran poeta y periodista, Manuel Alcántara, pero pocos conocen su lado más humano. Su hija, Lola Alcántara, lo recuerda con una mezcla de admiración y ternura.
«Tiene calles, estatuas, una biblioteca y una fundación a su nombre. No podemos pedir más a Málaga. Lo único que quiero es que no se olvide su legado. Yo seguro no lo voy a olvidar nunca, lo que intentamos es que no lo olvide tampoco Málaga, que es donde el vivió e hizo toda su vida» y añade «mi padre se sentía muy malagueño, pero rechazaba el ´tipismo`, y por ejemplo decía de uno de los símbolos de la ciudad, la estatua del Cenachero, que no se podían hacer monumentos de la cochambre. Tampoco le gustaban postales típicas de la época como las que mostraban a una mujer con un cántaro en la cabeza», puesto que subrayaba que «eso era así porque no tenía agua corriente.
Textos inéditos
Esa vinculación con Málaga se reforzó, curiosamente, cuando Manuel Alcántara trabajaba en Madrid y regresaba solo en vacaciones, lo que le permitió descubrir el municipio de Rincón de la Victoria. «Vinimos al Rincón por primera vez en los 60 y en 1969 compró allí el apartamento», que años después se convertiría en su residencia habitual hasta su muerte y que ahora es sede de la Fundación Manuel Alcántara, apunta Lola.
Y explica porque se niega a publicar sus textos inéditos, «son escritos llenos de tachones, un verso probando si le gusta más que otro. Tachar con señales, yo eso no se lo voy a dar a nadie. Y lo de la maquina de escribir de mi padre fue terrible, porque ya no se fabricaban más y teníamos los royos en el frigorífico». «El siempre decía que quería morirse antes de que desapareciera el periodismo en papel y eso prácticamente ya ha pasado» afirma.
De lo mejor de la estirpe poética de Málaga se nos fue hace siete años, ahora gracias al testimonio de Lola Alcántara sabemos que también fue un buen padre.

