«Adamuz» y «cribados» han debido ser las palabras más pronunciadas por los candidatos andaluces durante la campaña de cara al 17M. Dos tragedias que han marcado, más allá del rumbo político de la comunidad, al pueblo andaluz, a la gente. A familias a las que, todavía consternadas, iracundas y desorientadas tras una repentina pérdida o una enfermedad inesperada se les pide que voten desde el dolor y desde la rabia al partido menos culpable.
Aunque en esta campaña si se ha pronunciado la palabra «culpa» ha sido para exigir al contrario que la asuma y no para asumirla. Política. Ya lo decía Karl Rove, principal estratega de George Bush: «Si consigues que tu oponente esté a la defensiva, estás ganando». Aunque en el caso del 17M, algunos se lo han tomado al pie de la letra.
Lo original es subversivo
Señalaba este martes Rafael Moreno, alcalde de Adamuz (PSOE), al presidente de la Junta, Juanma Moreno (PP), por «hacer campaña» a costa del accidente ferroviario. Un alcalde socialista que habla de una tragedia para atacar a un dirigente popular por hablar de la misma tragedia. Quizá haya un atisbo de torpeza en intentar demostrar al votante que hay una diferencia de intenciones entre un acto y otro, sobre todo cuando ambos se cometen a cinco días de la cita en las urnas.
Este modus operandi, por supuesto, no es nuevo, y es que, en política, para muchos —para casi todos —lo original es subversivo. En la segunda década del siglo XX, Max Weber analizó la ‹política negativa› en el parlamento de Alemania, aquellas prácticas que se basaban en la polémica, quejas, reproches y escándalos en torno a crisis y errores de gestión. El resultado, según comprobó Weber, fue el rechazo de la opinión pública hacia la política y la inacción por parte de las instituciones.
Max Weber analizó hace unos cuantos años en Alemania que la polémica, las quejas y los reproches en torno a una crisis causan rechazo de la opinión pública
Los debates electorales se han convertido en un embrión de esta práctica. El PP señala los errores que a su juicio ha habido en la gestión del accidente de Adamuz por parte de los gobernantes del PSOE. Y los socialistas junto al resto de las izquierdas se ensañan con la polémica crisis de los errores en los cribados del cáncer de mama que persigue al popular Juanma Moreno.
Un clásico el «lo tuyo por lo mío y la casa…»
En cualquier caso, el reparto de competencias entre autonomías y Gobierno, además de símbolo de democracia, siempre será el comodín para culpar y exculparse. Mazón y Sánchez lo saben de primera mano. Por su puesto, también el ministro Puente. «El resultado de la política negativa es la inacción de las instituciones», quizá vuelva a venir al hilo la conclusión de Weber.
«Adamuz» y «cribados» han sido, sin duda, las dos hachas de guerra más usadas. Por detrás, eso sí, del bucle de la «prioridad nacional». Un estribillo del que no se sabe si Manuel Gavira (Vox) saldrá algún día, aún finalizadas las elecciones. Es el claro ganador en este podio de la redundancia.
Además de señalar los fallos de los partidos rivales, las formaciones también han hecho propuestas. Algunas más llamativas que otras, como el adelanto del 20% de la entrada hipotecaria a los jóvenes por parte de María Jesús Montero; la extensión de la cuota cero a los nuevos autónomos, de Juanma Moreno, o la expropiación de viviendas vacías a grandes tenedores, de José Ignacio García.
Quién sabe si suficientes. Será algo que podrá valorarse en la medida en que posteriormente se cumplan. El debate protagonista, en cualquier caso, ha sido el de la culpa. En política es lícito jugar a la patata caliente con las crisis. Porque lo lícito no tiene por qué ser ético. Y la política tampoco. Y en esta campaña se ha desdibujado por completo, lo han demostrado unos y otros, la línea que separa la tragedia de la estrategia.



Síguenos en redes


