La frustración, la incertidumbre y la sensación de vivir en una realidad muy distinta a la que se imaginaba durante la infancia son algunos de los sentimientos que comparten muchos integrantes de la generación que actualmente transita entre los 30 y los 40 años, los llamados millenial a caballo con la ‹gen Z›. Así lo han expresado las actrices Anna Castillo y Macarena García durante su paso por el videopodcast ‹Gen F de EFE›, donde han presentado la serie ‹Se tiene que morir mucha gente›.
Las dos intérpretes, ganadoras de un premio Goya —García por ‹Blancanieves› en 2012 y Castillo por ‹El olivo› en 2017—, han aprovechado la promoción de este proyecto para reflexionar sobre algunas de las inquietudes que atraviesan a su generación.
«Creo que es algo muy humano y muy común en nuestra generación, debido también a nuestra educación, expectativas y mensajes recibidos. Las cosas han cambiado mucho y el panorama es muy diferente al que esperábamos. Estamos en una especie de limbo», afirma Anna Castillo.
Por su parte, Macarena García señala que las comparaciones y las expectativas crean un entorno bastante complicado para la generación futura. «Nos estamos haciendo mayores en una sociedad donde la presión es muy distinta a la que nos habían contado de pequeños. Es una generación que vive en mucha frustración y con caídas constantes y comparaciones».
Una serie sobre el caos emocional de los treinta
Las actrices vuelven a compartir protagonismo después de coincidir en ‹La Llamada› (2017). En esta ocasión lo hacen en ‹Se tiene que morir mucha gente›, una comedia española que aborda las dificultades emocionales y personales de una generación marcada por la inestabilidad laboral, las expectativas incumplidas y los cambios vitales propios de la madurez.
La ficción sigue la historia de tres amigas del colegio —Bárbara (Anna Castillo), Elena (Macarena García) y Maca (Laura Weissmahr)— que se reencuentran dos décadas después de haber tomado caminos muy distintos. A través de sus experiencias, la serie explora cómo el paso del tiempo y las decisiones personales han moldeado sus vidas.
Macarena García interpreta a una mujer embarazada y casada con un hombre mucho mayor que ella, mientras que Anna Castillo da vida a una trabajadora atrapada en un empleo que detesta y con una dependencia de las benzodiacepinas. Ambas consideran que sus personajes reflejan conflictos y situaciones con los que muchas personas pueden sentirse identificadas.
Salud mental y la importancia de pedir ayuda
Uno de los temas centrales de la serie es la salud mental. Las actrices destacan la importancia de acudir a terapia y de aprender a expresar las emociones de forma clara para afrontar los momentos de dificultad.
Según explican, la ficción retrata estas cuestiones de una manera directa e incluso «cruda», mostrando cómo las personas atraviesan distintas etapas vitales y cómo la vida puede cambiar de forma inesperada. En ese sentido, consideran que la serie refleja con realismo los desafíos emocionales que acompañan a la edad adulta.
El papel de las redes sociales en la presión generacional
Durante la conversación también abordaron la influencia de las redes sociales en la construcción de expectativas personales y en la constante comparación con los demás.
Tanto Castillo como García relacionan parte de la frustración generacional con la exposición permanente a modelos de éxito, belleza o felicidad que circulan en las plataformas digitales. Una dinámica que, según apuntan, contribuye a aumentar la sensación de insatisfacción y la presión por alcanzar determinados estándares.
La presión estética y las diferencias entre hombres y mujeres
Otro de los asuntos tratados fue el impacto que la presión social tiene sobre las mujeres. Ambas actrices coinciden en que se trata de una exigencia permanente que afecta a distintos ámbitos de la vida.
En este contexto, Anna Castillo se refirió al «boom» de los retoques estéticos que se ha producido en los últimos años y a cómo determinados modelos de apariencia se difunden entre las nuevas generaciones a través de las redes sociales.
Por su parte, Macarena García apuntó que las mujeres afrontan preocupaciones específicas derivadas de esa presión social y aseguró que «te ves con unos miedos que ellos no tienen».
A través de una mezcla de humor y realismo, Se tiene que morir mucha gente pone sobre la mesa algunas de las preocupaciones más frecuentes de quienes han alcanzado la madurez en un contexto social, económico y tecnológico muy diferente al que imaginaban durante su infancia.



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