«El pasado nunca muere. Ni siquiera es pasado». Esta frase de Faulkner es la favorita últimamente del novelista José Ángel Mañas, uno que sabe bien del tema y que escribió ‘Historias del Kronen’ cuando España todavía no había celebrado la Expo ni los Juegos Olímpicos del 92 y que más de treinta años después sigue en la batalla de sacar libros en un mundo totalmente distinto donde el texto ya no reina.
El último personaje español fue clave en el Cisma religioso del siglo XIV. Es el zaragozano Pedro Martínez de Luna, el Papa Luna, un Sumo Pontífice español de los cuatro que ha habido en la historia. Se puso de nombre Benedicto XIII y que dejó aquella frase para la historia de mantenerse en sus trece. Un español erre que erre, de los que Mañas ya lleva una lista importante en su saga histórica de rescatar personajes singulares de la ‘piel de toro’: Pelayo, Gonzalo Guerrero Berenguela…
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Llega casi directo de visitar Estocolmo a Fuengirola para presentar ‘El enigma del Papa Luna’ (Editorial a esfera de los libros) y se detiene en entrevista con 101TV para hablar de León XIV, de la religión como fenómeno pop, del perdón reciente de Felipe VI en México, de los clubes de lectura como revulsivo cultural y de que la historia, a fin de cuentas, es un relato que «se manipula siempre».
-Estamos en la semana en la que ha habido esa polémica mundial entre el Papa León XIV y Donald Trump. ¿En qué se puede parecer Francis Prevost al Papa Luna que ha estudiado?
-A mí lo que me ha interesado es lo que le ha dicho la Administración americana que le ha recordado lo que era el papado Aviñón. Y no sé si están amenazando con hacer un nuevo asedio o con secuestrarlo como hizo políticamente el rey de Francia, que se llevó poco menos que los papas a Aviñón. Entonces me ha hecho gracia porque es el periodo del que yo hablo. Es la prueba de lo que decía Faulkner de que el pasado es que no está muerto ni siquiera está pasado, está siempre presente. Entonces siempre, de alguna manera asoma las narices en el presente y son bonitas esas interacciones de la historia.
-Entonces, este Papa Luna que se fue a Castellón para ver el mundo desde Peñíscola ¿era controvertido como el Papa León?
-Pues igual, porque el Papa Luna arranca en el Cisma. Es verdad que ya había ese cribaje entre la obediencia a los Papas de Aviñón y a los Papas de de Roma. Y él era suave en sus formas, muy teólogo, muy buen jurista y lo único que que entró en un problema bueno porque estaban cambiados los papas y básicamente se estaban repartiendo una lucha diplomática y se estaban repartiendo las cortes y no se ponían de parte de uno ni del otro.
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Hay una suerte de criba de lo que siglo después va a ser la Reforma pues curiosamente los que van a ser los futuros protestantes en este momento van a apoyar al Papa de Roma y los futuros católicos van a apoyar Aviñón. Y entonces, el Papa Luna, es el último papa de esta obediencia a los Aviñones.
-¿De todos los papas con los que has sido coetáneo con cuál se queda?
-El más gracioso es es Francisco, creo que el que tiene más, más personalidad.
-¿Más que Ratzinger?
-Es cierto que Benedicto XVI es un gran teórico. Ahí hubo ese momento con dos papás, el emérito y el real, que tuvo esa capacidad muy admirable de renunciar. La película de ‘Los dos papas’ lo recrea muy bien. Y León XIV pues ha dado un poco la cara ahora que estaba muy callado, lo mínimo que pueden hacer los papas es dar su opinión.
«El papa más gracioso es Francisco, creo que es el que más personalidad tiene, aunque fue admirable lo de Benedicto XVI»
-Hablamos de pasado, pero estamos en en plena campaña a las elecciones andaluzas donde las referencias de Abascal para denostar a Blas Infante como un islamista o la bajeza de decir Juanma Moruno no han pasado desapercibidas…
-Pues eso, el pasado siempre está. Cada uno busca sus referencias y lo que ocurre es que el pasado vale para todo. El que busca siempre encuentra las referencias. A uno le gusta por la Reconquista y el mundo cristiano y otro va a reivindicar la leyenda blanca de Al-Ándalus o la convivencia de las tres culturas, no. En el fondo no es ni lo uno ni lo otro pues al final eran bastante similares esos dos mundos, tenían muchas conexiones y evidentemente desde tu prisma siempre vas buscando los detalles, los personajes que te gustan.
«Al final la historia consiste en ganar por muy poquito»
Es inevitable, la historia siempre manipula y se escribe desde el principio. Es que eso es de alguna manera la humanidad el relato que tú haces de lo que ocurrió y ese relato para que tenga sentido ya lo estás manipulando. Estás resaltando unas cosas y otras no. Federer dijo en una entrevista que ganó el 51% de las bolas que jugó, todos pensaríamos que lo normal es que fuese un 70% o un 80%. Es decir, que al final la historia consiste en ganar por muy poquito y sobre esa victoria mínima se va construyendo una historia que es muy falseada porque siempre se borra lo que lo que estaba en el otro lado y lo hace parecer mucho menor. Esa construcción es inevitable, insisto.
-Algo que le preguntan en esta promoción del ‘Enigma del Papa Luna’ es por la efervescencia de la religión católica entre los jóvenes. ¿Piensa que es por una cuestión de ir contra una generación anterior a ellos, la de sus padres, que tiraba hacia lo antirreligioso?
-Creo que tiene algo de eso, de buscar siempre la provocación como joven. Antes podía molestar salir por la noche y acabar drogándote
y ahora que molesta más, pues quizás volverse a la religión y al fervor. Puede que por ahí vayan los tiros.
-En Andalucía hay un ‘boom’ capillita de la Semana Santa. Curiosamente los curas veían o ven la religiosidad popular como algo anti y tirando hacia lo secular.
-Siempre es el fervor popular un poco los que lo que los salva, siempre que se desconectaba la Iglesia Católica de esa base popular le ha ido mal. En esa base hay algo muy interesante que son las parábolas de Cristo, de Jesús, y luego pues ese mensaje que muy bonito, moralmente es poderoso y ha sido una revolución en algún momento. Pero, claro, lo empiezas a retocar y ya se convierte con la doctrina en otra cosa.
«A la Iglesia siempre que se ha desconectado del pueblo le ha ido mal»
Ya saltas a eso de la Virgen, de la Santísima Trinidad, de que son tres y uno, nunca he entendido ya esa parte. Creo que ahí es el momento en el que aparece la Iglesia y que empieza a retocar una cosa que que era muy eficaz y consistente, ese mensaje primigenio. Los católicos somos muy del Nuevo Testamento del libro y los protestante son más del Viejo Testamento. A esa semilla potente yo creo que es a la que hay que volver.
-Volviendo al tema de los jóvenes, hoy la religión parece que se juega en Instagram o TikTok. En el fondo, todo va a la estética, ¿no?
-Claro es el rollo este de Rosalía, de los traperos, el rollo neoquinqui y neofolclórico. Hay algo de esa estética muy popular y que puede tener un encanto que a cierta gente le atrae. Lo de Rosalía ya lo hizo Madonna que jugaba con estos iconos y con juntar además los dos extremos. El ‘Like a Virgin’, esa especie de provocación y jugar con todo lo estético. Es que hay una religión muy pop porque está en el mundo contemporáneo y también hay que saber bajar al barro.
«Hay una religión muy pop porque está en el mundo contemporáneo, hay que saber bajar al barro»
-De un tema que controla bastante es el de España y su relación con América que plasmó en ese potente libro que es ‘Conquistadores de lo imposible’. ¿Qué le pareció el «perdón» reciente de Felipe VI en México?
-Empiezo a pensar que tampoco está tan mal y que todos debemos hacerlo. Es una cosa general y todo se tiene que ir ampliando. Seamos un poco cristianos, que no queda mal. que se reúnan unos con otros y lo pidan. Forma parte de los procesos de reconciliación, que que como tampoco vale para nada más allá del perdón, es el gesto simbólico, diplomático. Y lo triste es que aunque todos pidan perdón esto no cambia nada.
«Lo que está claro es que nadie es inocente, todo el que ha podido ha metido la mano»
Lo que está claro aquí es que nadie es inocente todo el mundo ha hecho algo y muchas veces el que no ha metido la mano es porque no le han dejado, no por una cuestión moral. Y luego pues también hay momentos muy bonitos de la historia de España y común como La Controversia de Valladolid de Bartolomé de las Casas y el debate que abrió. Es un momento poderoso para sentirse orgulloso.
-Para cerrar, ¿piensa que las redes están diluyendo el conocimiento?
-Sí, las redes trituran mucho todo el mensaje hasta hasta su mínima expresión. Y evidentemente luego está el egotismo, te afectan mucho. Es una dependencia. Es realmente una droga, una adicción, cuando me quité Instagram me costó como un mes volver a sentirme bien, tenía como síndrome de abstinencia, una sensación de que parece que no existes.
-Es un pesimista nato con el futuro del libro, del formato texto y la lectura, pero me comentaba que ahora dirige un club de lectura…
-Sí, soy pesimista, pero el fenómeno de los clubes de lectura y las lecturas colectivas me parece ilusionante. Dirijo un club de lectura donde vivo en Sevilla la Nueva, un pueblo a 50 kilómetros de Madrid, y es algo que me ha reconciliado un poco con la humanidad y mis vecinos. Es el fenómeno literario del momento según estoy observando.
-La última vez que hablamos hace un año decía que colgaba el teclado y que iba a dejar de escribir tras más de cuarenta o cinco libros publicado… No me lo creí entonces, ¿supongo bien?
-Estuve fantaseando dos o tres meses con parar, me pasó por primera vez en mi vida que estuve ese tiempo sin escribir. Pero me puse con este libro y he vuelto al ruedo. Ya de Salí ver y Pynchon he pasado a la idea del viejo Verdi o como Picasso hasta los 90 años creando.
-«Que la inspiración me pille trabajando» decía Picasso.
-Efectivamente, esa es la idea.
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