Era un martes como otro cualquiera y en el Parque Comercial Granaíta se consumía con su habitual ajetreo. Compras por un lado, cine por otro, alguna que otra repetición en el gimnasio… Hasta que, en el parking, todo se detuvo. Un hombre de 51 años cayó a plomo al suelo en la estación de carros de supermercado. Sufría una parada cardiorrespiratoria y la vida se le iba de manera fulminante. Seguramente así lo sintió, pero lo que no sabía es que allí se encontraban Mari Carmen y Miguel, sus ángeles de la guarda.
No todos los héroes llevan capa y vuelan de un lado a otro por Nueva York. Algunos visten un polo de Grupo Control y se encargan en su día a día de garantizar que todo discurra con normalidad en una gran superficie comercial, sin siquiera saber de su heroicidad, hasta que la urgencia se la descubre. Todo fue, recuerdan, repentino. «Estaba de servicio y, sobre las 18.30 horas o así, vino mi compañero a hacer el turno», relata Mari Carmen, que tiene grabado en la memoria el pasado 5 de mayo: «Hacia las 19.00 horas, me avisó una limpiadora de que había un hombre tirado en el suelo».
No hubo tiempo ni para pararse a pensar en qué hacer. Había un ciudadano que se moría y Mari Carmen actuó por instinto, al impulso de una corazonada. «Llamé a mi compañero, me dirigí a la zona y lo vi allí, con una brecha en la cabeza, lleno de sangre. Había cuatro o cinco personas, una de ellas, de la Cruz Roja», recuerda. El destino, juguetón, quiso que la organización se desplegara justo ese día en el parque comercial para el desarrollo de una actividad.
Miguel estaba haciendo una ronda por los exteriores cuando recibió el aviso de su compañera. «Llegué alrededor de dos minutos más tarde de la llamada», precisa. En el lugar, encontró al hombre y tuvo claro que se encontraba «en parada cardiorrespiratoria». «Actuamos lo más rápido que pudimos. Se le tomaron las pulsaciones y se le puso en posición de seguridad», narra. Pero no había reacción, ni pulso; el tiempo se agotaba. «Al ver que no respiraba, empezamos a hacerle la RCP», concluyó.
Cinco minutos «cruciales para salvarle la vida»
El vigilante de seguridad le practicó la técnica de reanimación durante cinco minutos eternos, pero «cruciales para salvarle la vida». En ese momento, no piensas mucho. Realmente, actúas porque no tienes tiempo. Tienes un poco de incertidumbre de si lo estarás haciendo bien, si le estarás haciendo daño, si debes o no hacerle la RCP. Pero al ver a esa persona que está muriendo, te lanzas y lo haces. No lo piensas”, expone Miguel, que lo hizo hasta que le relevó un policía nacional en prácticas que, fuera de servicio, se encontraba en el parque comercial.
Mientras, su compañera acudía lo más rápido posible en busca del desfibrilador. «La ambulancia tardó 18 minutos en llegar. Yo fui directamente a por el DEA y a parar el tráfico», abunda Mari Carmen. «Nosotros sabíamos dónde estaba y gracias a eso la rapidez fue primordial», precisa. Porque a la llegada de los sanitarios, el hombre continuaba vivo, y tras diez días en la UCI del Hospital Virgen de las Nieves, pudo incluso regresar a Sevilla, la ciudad donde vive y donde ahora se recupera por completo.
El hombre les agradeció la actuación
En la retina de Miguel y Mari Carmen se quedó todo marcado. «Yo me he tirado tres o cuatro días con la imagen del hombre en la cabeza», reconoce ella. Aunque ahora, con el tiempo, se contempla con mayor felicidad. «Para nosotros, la mayor satisfacción es que ese hombre haya salido con vida», sonríe su compañero.
Este martes, ambos recibieron una mención honorífica de la Policía Nacional, en conmemoración también del Día de la Seguridad Privada. El mayor reconocimiento, sin embargo, fue poder contactar con el hombre cuya muerte evitaron. «Está muy agradecido con nosotros por haberle salvado la vida. Nosotros, felices, porque ha sido algo muy importante. Se sale fuera de nuestras funciones. Tuvimos unas palabras por WhatsApp y nos mandó unos audios agredeciéndonos la actuación, diciendo que nos debía la vida», exponen. Pero no se recrean demasiado. Deben volver a sus labores. Porque ya tienen muy claro que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.



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