Granada ha acudido, un año más, a su imprescindible cita con su patrona, la Virgen de las Angustias. Las calles del centro se llenaron para acompañar a la virgen y su Archidiócesis en el tradicional último domingo de septiembre. Pero esta vez hubo algo diferente desde el primer momento en que se abrieron las puertas de la Catedral: la Virgen no salió de su casa habitual ni pudo regresar a ella.
Por eso, este domingo había una pregunta que sobrevolaba el recorrido: cómo sería ver a la Patrona pasar delante de su casa sin poder entrar en ella.
Una nueva casa temporal
Debido a la serie sísmica que afectó a la provincia el pasado mes de agosto, la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias se vio obligada a cerrar sus puertas por los daños ocasionados en su cúpula. Clausurada desde el 18 de agosto para garantizar la seguridad de sus devotos, la imagen fue trasladada doce días después hasta el Sagrario de la Catedral, nuevo y temporal espacio donde se han celebrado los principales cultos de septiembre, como la ofrenda floral.
La Virgen no salió de su casa habitual ni pudo regresar a ella
Desde este enclave ha comenzado y terminado una procesión que, sin dejar de ser la de siempre, ha tenido este año una fisonomía completamente distinta.
Miradas al cielo
La espera también ha formado parte de esta procesión. Bajo el calor todavía intenso de septiembre, los granadinos buscaban un hueco desde el que poder verla pasar. En las aceras se mezclaban personas mayores que han acompañado durante décadas a la Patrona y niños que descubrían por primera vez una tradición que forma parte de la ciudad.
Después llegó el momento de salir. Tras los primeros tramos del cortejo, la Virgen de las Angustias tomaba posesión de las calles, donde ya se reunían los devotos. Algunos llegaban en familia; otros lo hacían solos, como llevan haciendo tantos años. Había quienes conocían de memoria cada tramo del recorrido y quienes acudían simplemente para volver a verla. Lo que sí era común a todos era la espera por ver pasar a la Virgen y acompañarla, aunque fuera durante unos metros, en su recorrido por Granada.
La escena tuvo algo de encuentro y de despedida al mismo tiempo: la Patrona frente a su casa, pero sin poder cruzar el umbral
Entre miradas, teléfonos levantados y aplausos, la Virgen atravesó la Plaza de las Pasiegas para dar comienzo a su devota travesía. Las calles del centro se convirtieron poco a poco en una larga fila de espectadores. Desde los balcones, algunos vecinos esperaban el paso de la comitiva; en las aceras, otros se persignaban al verla acercarse. Así, fue avanzando calle a calle la que, para muchos, no era una procesión más.
Había devotos que caminaban descalzos o cumplían sus promesas en silencio. Otros avanzaban acompañados por familiares. Las bandas marcaban el paso y, entre una marcha y otra, se escuchaban las voces de quienes llamaban a los suyos para avisar de que la Virgen estaba llegando. «Ya viene» y «Viva la Virgen de Granada», eran las frases que más se repetían en distintos puntos del recorrido. Y entonces aparecía el paso. La majestuosa Virgen, vestida con el Manto del Pueblo, una pieza única que nació de la devoción de las mujeres granadinas a finales del siglo XIX.
Encuentro y despedida
Sobre las andas de plata, diseñadas por el orfebre granadino Miguel Moreno Grados y estrenadas en 1963, la Virgen continuó su recorrido hasta llegar a la Carrera de la Virgen. Allí, el ambiente adquirió otra dimensión. Allí estaba la Basílica. Cerrada.
La escena tuvo algo de encuentro y de despedida al mismo tiempo: la Patrona frente a su casa, pero sin poder cruzar el umbral. La imagen de la Virgen ante una Basílica cerrada se convirtió en una de las estampas más significativas de este septiembre excepcional.
Así, fue avanzando calle a calle la que, para muchos, no era una procesión más
Los aplausos rompieron entonces el silencio. Algunos devotos levantaron sus teléfonos para guardar la imagen. Otros simplemente miraron. Hubo quienes se santiguaron y quienes permanecieron unos segundos en silencio antes de continuar detrás del cortejo.
El retorno a la Catedral
Después, el cortejo retomó la marcha por la Carrera de la Virgen en dirección al centro. La procesión continuó por la plaza del Campillo, Mariana Pineda, Ángel Ganivet y Puerta Real. Desde allí, Reyes Católicos, la plaza de Isabel la Católica y Gran Vía condujeron de nuevo a la Virgen hacia la Catedral. El último tramo discurrió por Cárcel Baja y Pie de la Torre hasta alcanzar nuevamente la plaza de las Pasiegas.
Este domingo había una pregunta que sobrevolaba el recorrido: cómo sería ver a la Patrona pasar delante de su casa sin poder entrar en ella
La Catedral, que había sido punto de partida, terminó convirtiéndose también en el destino final de la procesión. La hora de recogida se prolongó hasta completar un recorrido que, por primera vez en mucho tiempo, no llevó a la Patrona de vuelta a su templo.
Así transcurrió uno de los domingos más señalados del calendario granadino. Las calles del centro volvieron a llenarse, los balcones se convirtieron en miradores improvisados y la música avanzó entre las fachadas mientras los granadinos acompañaban a su Patrona a su nueva y provisional casa.

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