La duda, inevitable, flotaba por toda Granada desde hacía días. Porque una tradición, cabe pensar, lo es menos si cambia en algo. Pero resultó, y toda la provincia lo confirmó, que no era el lugar, sino quién. Y quien llamaba a los granadinos era su Madre desde su hogar provisional, la Patrona desde la Catedral. Los devotos se rindieron a su Virgen de las Angustias, en un nuevo escenario, sí, pero con la misma pasión de siempre.
El reloj había dejado ya atrás las cinco de la tarde cuando el portón de la Catedral se abrió y la Patrona asomó por el dintel, brillante incluso bajo palio. Lo sostuvieron a pulso los propios horquilleros para evitar que el sol pudiera molestar a la Virgen en su reencuentro con la ciudad. Sonaron las campanas en lo que los paneles a uno y otro lado iban adquiriendo color. Miles de flores en la ofrenda más especial.
En la Plaza de las Pasiegas, la sombra era poco menos que el Gordo de la Lotería. El calor apretaba con ‹malafollá›, como si realmente se pensara capaz de evitar que los granadinos acudieran a su cita floral. Iluso. No era esta vez la Carrera de la Virgen la que se convertía en el cauce de un río de devotos que fluían hasta la Basílica de Nuestra Señora de las Angustias, sino la calle Marqués de Gerona la que tornó en el sendero que dirigía a Granada hasta su Madre. Y vaya si la condujo.
Largas colas
Una fila de cariño y devoción se extendió desde la Plaza de las Pasiegas hasta allí donde alcanzaba la vista. Distintas generaciones, familias enteras, ramo en mano y con promesas escritas en un diálogo íntimo con la Virgen, tantas como agradecimientos en un año complejo. Habría quien todavía temblara tras tantos terremotos, quienes todavía resoplaran con la imagen de las llamas en la retina.
Fueron desfilando durante toda la tarde, con una sonrisa irremediable al cruzarse con la Patrona de Granada en lo que depositaban su ofrenda. Al paso, una mirada brillante que se entrelazaba con la angustia de la Virgen. Hasta que el sol fue cayendo, entre actuaciones y homenajes, por tierra y aire, y la Madre de la provincia emplazó a sus fieles a otra cita. La siguiente, el último domingo del mes, ya sí la llevará por toda la ciudad.
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