A pocos días de que arranque la Feria de Abril, en Sevilla ya se respira ambiente festivo. Las sevillanas ultiman los preparativos entre nervios y emoción: sacan los trajes, combinan mantones y flores, y reviven historias que, puntada a puntada, forman parte de una tradición heredada.
En las semanas previas a la Feria, las casas sevillanas se convierten en improvisados talleres. Planchas encendidas, armarios abiertos y complementos extendidos sobre la cama marcan una rutina que se repite cada año. “A la feria se va todos los años, pero todos los años, los días anteriores se sienten los nervios”, cuenta Ana Uli, sevillana de 24 años. “Voy sacando todo, planchando trajes, colocando mantones y flores, mirando qué combinación es la que puede quedar mejor”.
No se trata solo de estética, ya que cada vestido encierra una historia personal. “Cada traje tiene su recuerdo”, explica. Entre ellos, destaca uno negro que considera especial, “es un vestido que me compré en una tiendecita pequeña de Los Remedios y no he visto otro igual. Me recuerda a cuando iba con mis amigas del instituto”. También guarda con cariño un traje amarillo, vinculado a una etapa importante de su vida, “fue el primero que me hice cuando empecé con mi novio”.
La preparación no es solo individual, sino familiar. La Feria se vive como un punto de encuentro que refuerza vínculos. “La feria es la gente”, resume Ana. “No es solo el amigo de toda la vida, también el compañero que hace tiempo que no ves y te encuentras allí. Te da una alegría enorme”.
Ese carácter generacional queda reflejado en recuerdos de infancia. Ana conserva incluso trajes y complementos de cuando era pequeña, “mi hermana y yo llevábamos uno azul y otro rojo, con las flores a juego. Era un traje cortito, monísimo”. Estas piezas, más allá de su valor material, simbolizan la continuidad de una tradición profundamente arraigada.
Uno de los recuerdos más emotivos que relata está ligado a su madre, “cuando éramos pequeñas, ella no se vestía porque estaba pendiente de nosotras. Pero un año apareció en la feria con un traje de gitana que se había hecho a escondidas. Fue una sorpresa muy bonita y un recuerdo que demuestra cómo esta cultura nos une”.
Con los días contados para el inicio de la Feria, Sevilla entra en su fase más íntima, la de los preparativos. Una antesala cargada de emoción en la que cada volante, cada pendiente y cada flor anticipan lo que está por venir.
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