Hay semanas en las que conducir deja de ser rutina para convertirse en examen. Esta es una de ellas. La Dirección General de Tráfico (DGT) ha activado una nueva campaña intensiva de control de velocidad en Andalucía, una ofensiva que no solo busca sancionar, sino, sobre todo, frenar una de las principales causas de muerte en carretera.
Durante estos días, la presencia policial se multiplica. Agentes de la Guardia Civil y policías locales despliegan controles en vías urbanas e interurbanas, con especial atención a los tramos considerados de riesgo. No es casualidad: el exceso de velocidad sigue siendo el tercer factor más habitual en los siniestros de tráfico y está presente en más del 30% de los accidentes mortales.
La campaña, activa hasta el 19 de abril, se enmarca en una estrategia más amplia: reducir a la mitad las víctimas mortales en carretera antes de que termine la década.
¿Cómo se controla realmente la velocidad?
La vigilancia combina tecnología y presencia física. Radares fijos, móviles y de tramo, dispositivos ocultos, los llamados “invisibles”, helicópteros e incluso drones forman parte del dispositivo. A esto se suman controles a pie de carretera, donde los agentes pueden dar el alto a cualquier conductor para comprobar documentación o detectar infracciones.
No se trata solo de ver quién corre más. La velocidad tiene un efecto directo en la gravedad de los accidentes: reduce el tiempo de reacción, amplía la distancia de frenado y multiplica el impacto. Subir apenas 10 kilómetros por hora puede duplicar el riesgo de sufrir un siniestro mortal.
Además te pueden dar el alto por varios aspectos: si vas circulando de forma irregular, con cambios bruscos, frenazos, conducción dudosa. Si tu vehículo presenta algo llamativo, como luces fundidas, mal estado visible, carga mal sujeta o también si estás en un control específico, donde paran coches al azar o por turnos.
Las cifras lo explican todo. En 2024 se registraron 307 accidentes mortales vinculados a la velocidad, un aumento respecto al año anterior. Y el problema no es minoritario: hasta el 60% de los conductores supera los límites en carreteras convencionales. Por eso, más allá de las multas, el objetivo es otro: generar un efecto disuasorio. La DGT insiste en que la visibilidad de los controles modifica el comportamiento al volante y reduce el riesgo.
En carretera, esta semana, no solo hay tráfico. Hay vigilancia. Y detrás de cada radar, de cada control, hay un mensaje claro: bajar la velocidad puede marcar la diferencia entre llegar o no hacerlo.
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