Desde 2024, las familias que viven en el distrito de Carretera de Cádiz luchan por sus hogares cada día. Geslau, una empresa dedicada a la explotación inmobiliaria, adquirió gran parte de las viviendas de este bloque. Salva, padre de familia y con una hija de 20 meses, explica: «Nos están echando, no dejan que hagamos arreglos en nuestras casas y son necesarios, todo con intención de que nos vayamos cuanto antes».
Una zona residencial con familias de todo tipo: jóvenes, personas jubiladas, migrantes e incluso pisos en alquiler que han ido en relevo generacional. Todos ellos tienen sus contratos vigentes y pagan los alquileres: «No somos ocupas, pagamos mensualmente, las personas cuando vienen se piensan que no lo hacemos», asegura este vecino. Con pena, nos cuenta que lleva cuarenta años viviendo en este bloque y que, últimamente, lleva viendo a muchas personas padeciendo por ello.
«Llevamos dos años sufriendo esta situación y eso conlleva un desgaste psicológico que se está notando en la comunidad»
Salva lamenta la pérdida de uno de sus vecinos, jubilado de 70 años que falleció hace dos meses. «Murió con esta lucha y, a pesar de su enfermedad, se notaba que el desahucio le estaba pasando factura, me ha recordado a la situación de Maricarmen», afirma el hombre. En este bloque, cada uno tiene sus circustancias personales. Como es el caso de María, una mujer ucraniana que vive junto a su hijo que tiene discapacidad. Ella es la primera en tener el jucio por el desahucio el próximo mes de enero.
«Vivimos con la incertidumbre diaria de saber qué va a pasar con nuestros hogares e incluso nos hemos planteado irnos a otro pueblo de Málaga, pero no salen las cuentas»
Este padre de familia comenta que se ha planteado irse a Álora, pero que con el precio del alquiler y la gasolina para ir a Málaga a trabajar, se le dificulta cambiar de casa. Ahora, vivir fuera de España no me parece una idea tan loca, entiendo que muchas personas lo hagan», comenta Salva contando qué planes alternativos tiene ante esta situación.
Un caso similar es el de su hermana Lidia, «es madre soltera con dos hijos, uno de ellos menor de edad y trabaja para sacar a su familia adelante», añade Salva. Vive en el mismo edificio y también tendrá el juicio por el desahucio en el próximo año. Ellos llevan viviendo en ese bloque toda la vida, son la quinta generación que pasa por estos alquileres.
«El edificio tiene muchos desperfectos, hay zonas que se caen a pedazos y no quieren ni arreglarlas»
Este vecino siente que quieren echarlos de su casa por activa o por pasiva. Por eso, todos las averías que surgen en el bloque nadie las cubre, tienen que salir de sus bolsillos. «No nos dejan arreglar ni los enchufes, hace unos días salió ardiendo uno en mi casa y tuve que buscarle solución porque podría haber ocurrido una desgracia», añade Salva.
Susana, otra vecina del bloque, también ha pasado por esta situación. Durante cuatro meses ha vivido con goteras de gran magnitud dentro de su hogar. Esto le ha provocado daños en todos los muebles de la casa y, al tratarlo con los abogados de la empresa, no le ponían solución. Según Susana, la respuesta que recibió por su parte fue: «Esto son negocios».
Dieciocho familias que, a día de hoy, tras dos años de lucha, siguen al pie de cañón. Todas ellas lidian diariamente con problemas bajo su techo e intentan dar voz a su caso para que se les escuche. Detrás de cada puerta hay muchas personas que buscan desesperadamente una solución y que no piensan abandonar sus hogares sin una alternativa que puedan costearse.
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