La capital de la Costa del Sol sigue siendo un reclamo turístico para miles de visitantes cada año. Sin embargo, el comportamiento de estos foráneos está cambiando este verano: el número de visitantes disminuyó con respecto a 2025, aunque pasaron más tiempo en la ciudad.
En concreto, los hoteles malagueños registraron en pleno agosto 421.037 pernoctaciones, un 3,38% más que en el mismo mes del año pasado, según los últimos datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Por contra, el número de viajeros cayó un 5,9%, hasta los 161.541. La estancia media se situó en 2,61 días, el dato más alto del año.
Debate por la vivienda
El aumento de las noches de hotel se produce en un momento en el que parte de los malagueños salen a protestar por uno de sus principales problemas: el acceso a la vivienda; unas manifestaciones que se están repitiendo en el resto del país.
Lo cierto es que el fuerte crecimiento de la actividad turística de los últimos años se ha desarrollado en paralelo a una escalada de los precios residenciales y de los alquileres, especialmente intensa en la capital y en otros puntos de la Costa del Sol.
Para muchos, la subida de precios está vinculada con esta llegada masiva de extranjeros, mientras que para otros, significa una indudable fuente de ingresos y más oportunidad de trabajo para malagueños.
El turismo no explica por sí solo esta situación —intervienen también la escasez de vivienda, la demanda residencial, la inversión y otros factores—, pero el uso turístico de parte del parque inmobiliario forma parte del debate abierto sobre el mercado de la vivienda.
Málaga sigue dependiendo del mercado internacional
Los datos de agosto muestran, además, que el tirón turístico de Málaga continúa dependiendo en gran medida del mercado internacional. Los visitantes extranjeros generaron 313.458 noches de hotel durante el mes, más de siete de cada diez pernoctaciones registradas en la ciudad. Aunque llegaron menos turistas internacionales que un año antes, sus estancias crecieron con fuerza.
El dato refleja así una temporada en la que la actividad hotelera continúa creciendo, pero no necesariamente porque lleguen más visitantes. Parte del incremento procede de que quienes llegan permanecen más tiempo en la ciudad.
Es ahí cuando aparece una de las grandes cuestiones de fondo para la ciudad de Málaga: cómo encajar una actividad turística que sigue generando demanda y actividad económica con un mercado residencial cada vez más tensionado.
Los datos hoteleros reflejan la fortaleza del destino; no permiten, por sí solos, concluir qué impacto tiene ese crecimiento sobre el precio de la vivienda, una cuestión que requiere analizar también la evolución de los alquileres, la oferta residencial y el peso de los alojamientos turísticos.


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