«Yo creo que ya es hora de llegar a Plaza Nueva de nuevo», celebran unos aficionados a los aledaños de La Cartuja. La adrenalina tras una victoria como la que cosechó el Betis contra el Oporto todavía corre por sus venas, imborrable la sonrisa. Porque el conjunto verdiblanco está de vuelta en la Champions y, visto lo visto, lo tienen claro: «Vuelven las grandes noches del balompié».
«Nada más que tienes que ver el comportamiento del Real Betis Balompié en este tipo de partidos. Esto es inigualable, inexplicable, teniendo en cuenta que el Betis, antes, hace unos años, no sabía sacar los partidos adelante», rescata uno de los jóvenes, que remarca el cambio. «Ahora, viene con equipos como el Oporto, ganando 1-2, y es capaz de sacarte los partidos adelante. Eso antes no ocurría, ahora sí. ¿Por qué? La explicación no la sé. Solo sé que se lo debemos a Pellegrini y a los jugadores que tenemos, y a la pedazo de directiva que hay», incide.
«¡Viva Haro y viva Catalán, coño. Estábamos en la UVI y nadie daba un duro por nosotros. Y ahí estamos, con nuestros huevos!», jalea junto a sus colegas, aún emocionado tras volver a escuchar la melodía que caracteriza a la mejor competición de Europa. «Eso ha sido una maravilla. Después de 20 años sin escuchar este pedazo de himno, ha sido una auténtica maravilla, ha sido un orgasmo en nuestro cerebro», alarga.
«Ha sido una auténtica locura»
Carlos, que también celebra con sus amigos, lanza un dardo. «Hay gente que se está poniendo pelo, que se está metiendo las orejas para dentro y los béticos nos vamos a dejar las orejas así -las extiende con las manos- hasta final de año», ríe. «Ha sido una auténtica locura. Después de 21 años, impresionante. Me acuerdo de verlo con mi hermano y mi padre. Te acuerdas de todo, impresionante», afirma.
Ni siquiera los momentos más duros contra el Oporto, que remontó y se puso por delante, le arruinan la noche. «El Betis siempre ha sido sufrir, siempre», argumenta. Tal vez, sea esa la razón por la que a Javier le desborda la emoción. «Desde media hora antes, que he entrado yo, ha sido recordar todo lo que ha pasado en estos 21 años, toda la vida que hemos pasado, los momentos personales, lo bueno, lo malo, temas de amistades, de trabajo, amorosos, de todo…», exterioriza.
«Hemos llegado hoy y una vez más, el Real Betis Balompié, que es la vida, nos ha devuelto a una noche de esta dimensión, ha cumplido con las expectativas y nos ha hecho vivir una velada histórica», celebra. Pero no se trata de algo aislado. Es la dinámica en que discurre el conjunto de Pellegrini esta campaña. «El equipo está intratable. Deportivamente hablando, no se le puede poner un pero a cómo dejan absolutamente todo en el campo. Eso es lo más importante para nosotros, que el equipo se desangre y se deje la vida en el verde», afirma.
Los recuerdos de toda una vida sin Champions
«Las victorias, los empates o las derrotas son efímeras, pero ellos nos hacen sentirnos representados. Hoy han representado a un sentimiento muy grande y a toda una afición que estábamos esperando una noche así, esperando que estuvieran a la altura de una noche como la de hoy», defiende. «Hoy todos salimos orgullosos. No por ganar, que es efímero, sino por cómo el equipo siempre compite, da la cara y se pone como ejemplo, siempre se levanta ante cualquier adversidad», resalta el joven aficionado.
La mirada le brilla al recordar cómo ha vivido el himno de la Champions en La Cartuja. «Para mí ha sido muy emotivo. Me he hartado de llorar, no puedo decirlo de otra manera. Cuando he visto el balón de las estrellas otra vez 21 años después, he recordado los campos infames de Segunda en los que hemos estado, tantas noches aciagas que el fútbol nos dio», enumera.
No fue lo único que se le vino a la cabeza. «Me he acordado mucho de todos los familiares que, por desgracia, ya no siguen, todos los béticos que no estaban hoy físicamente, pero sí estaban animando desde el cuarto anillo», apunta. Y, por último, un recuerdo personal. «Me he acordado también de cómo mi hermano pequeño, que tiene 22 años, era un bebé cuando lo despertamos mi padre y yo chillando con el gol de Asunçao que nos clasificaba para la Champions en la temporada 2004/2005», señala.
«Hoy, 21 años después, estaba llorando a mi lado», narra. El cierre de un ciclo, una larga espera que el beticismo concluyó con la mayor alegría de muchas generaciones. «Es fiel reflejo de lo que es el Betis, que es la vida misma, en lo bueno y en lo malo».
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