Las seis universidades públicas de la Comunidad de Madrid han incorporado este año, por primera vez, detectores de radiofrecuencia en los exámenes de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) del curso 2025/26. La medida responde a la creciente preocupación de los centros universitarios ante el uso de tecnología imperceptible para cometer fraude académico.
Así lo explicó este lunes la vicerrectora de Estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Rosa de la Fuente, durante los exámenes de Selectividad que se prolongan hasta este jueves.
¿Qué detectan estos dispositivos?
Más allá de los teléfonos móviles convencionales, el foco está en aparatos difíciles de ver a simple vista: micropinganillos —pequeños auriculares prácticamente invisibles— y gafas con Inteligencia Artificial (IA) generativa. «Nos preocupa todo lo que pueda servir para cometer fraude», señaló De la Fuente.
Los detectores, que funcionan de forma silenciosa, identifican cualquier emisión de radiofrecuencia activa en el aula: desde un móvil encendido hasta dispositivos ocultos. El aparato vibra cuando localiza una señal, sin interrumpir el desarrollo del examen.
Los detectores vibran cuando identifican una señal activa, sin interrumpir el examen ni revelar de inmediato a qué alumno pertenece el dispositivo
Si un vocal del aula detecta una señal y no puede identificar de inmediato a qué alumno pertenece el dispositivo, reubicará al estudiante en otra posición dentro del aula. En todo caso, el examen continúa: el protocolo establece que el alumno puede seguir realizando la prueba mientras el tribunal analiza la situación, en garantía de su presunción de inocencia.
La calificación de la infracción depende de la gravedad del caso. Si se trata de una falta leve, el examen queda marcado pero el alumno conserva su nota. Si la falta es grave —como tener el móvil encendido—, puede conllevar la anulación de ese examen.
Una falta muy grave, como el uso de un pinganillo, puede suponer la anulación de toda la Selectividad y no solo del examen en curso
Y si se detecta comunicación activa, como el uso de un pinganillo, la falta se considera muy grave y puede suponer la anulación de toda la prueba. «Tenemos que garantizar la igualdad de mérito entre todos los que participan», subrayó la vicerrectora.
Un protocolo que se revisará cada año
Las autoridades académicas reconocen que la tecnología evoluciona a gran velocidad y que las medidas deberán actualizarse de forma continua. De la Fuente avanzó que el próximo curso volverán a revisar el protocolo para incorporar las herramientas que sean necesarias.
Con todo, la vicerrectora quiso relativizar el alcance del problema: «El que se esté jugando la prueba de hoy no va a hacer uso de estas tecnologías. Va a ser muy minoritario, pero sí que es disuasorio». Los vocales tienen instrucciones este año de extremar la vigilancia activa y prestar atención a comportamientos que en otros cursos podían pasar desapercibidos. «Tenemos este detector, que es muy piloto. Queremos ver cómo funciona», afirmó.



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