La campaña andaluza está en su apogeo, con los mítines más grandilocuentes y los líderes nacionales más desplegados que nunca en la comunidad. Se está desarrollando de una forma más pausada y tranquila de lo habitual. Cada uno de los candidatos está más centrado en hablar de su programa que en confrontar modelos de gestión o diferencias programáticas.
Todos en su trinchera, tratando de ganar algo pero, sobre todo, de no perder demasiado. Una excepción es el candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, que, casi sin proyección pública estos últimos años, trata de conquistar el máximo terreno posible.
Una campaña sin estridencias, con poco que ganar y mucho que perder
Es una contienda política bastante centrada en Andalucía, dentro de lo que cabe en esta época de polarización. Quizá sea mérito de Juanma Moreno, que lo ha repetido sin cesar, o de sus contrincantes, que han entendido que su mejor estrategia era obviar la situación nacional para ir al territorio.
Aun así, el propio Moreno usó la trayectoria de su contrincante Montero en Madrid durante el primer debate electoral para achacarle la financiación singular que prometió a Cataluña desde su cargo de Vicepresidenta Primera y Ministra de Hacienda. Además, acusó a Vox Andalucía de seguir la estrategia marcada desde Madrid al pie de la letra.
Sin embargo, si uno se fija en los candidatos a la Junta de Andalucía, la mayoría de ellos son el vivo reflejo de sus líderes nacionales. No necesariamente en las formas o en el carácter, pero sí en la personalidad y en el discurso.
El espejo de Feijóo
Juanma Moreno es el barón popular más alineado con la política discursiva de Feijóo, como demuestra el hecho de que dos de los hombres fuertes en Génova procedan de su núcleo duro: los vicesecretarios Elías Bendodo y Juan Bravo. Moreno es, junto a Ayuso, el mayor exponente territorial del PP, aunque también su opuesto más claro: no se espera que la presidenta madrileña pase por Andalucía durante la campaña.
Podría decirse que Feijóo debe seguir el camino de Juanma para llegar a la Moncloa, aunque el presidente andaluz siempre se inspiró en el gallego durante sus catorce años al frente de la Xunta. De los candidatos que han ido a las urnas en los últimos meses, Moreno es el más parecido a Feijóo.
Moreno afina el modelo de centro-derecha moderada que Feijóo necesita replicar en Madrid
El sanchismo en tierra hostil
María Jesús Montero, vicepresidenta primera del Gobierno de Sánchez y parte de su núcleo duro desde la moción de censura, ha sobrevivido a figuras como Lastra, Redondo, Ábalos, Cerdán o Calvo. Es el mayor exponente del sanchismo en Andalucía y defiende a capa y espada la gestión del Ejecutivo.
Cuanta más presencia tenga Sánchez en su campaña, mejor. A él se suman Zapatero, con presencia ya en la campaña, y Salvador Illa, que cruzará Despeñaperros para arroparla, y ante cuya aparición Montero reivindicará su gestión frente a las críticas de favoritismo hacia Cataluña.
Montero ha sobrevivido a Lastra, Redondo, Ábalos, Cerdán y Calvo. Es el mayor exponente del sanchismo en Andalucía
La paciencia de Gavira
Gavira es el fiel reflejo de lo que buscan en Vox: lealtad al líder y disciplina sin fisuras. Ya en 2022 una decisión centralista le arrebató la candidatura en favor de Macarena Olona, y el gaditano, tranquilo y fiel, esperó su momento.
Lleva cuatro años haciendo oposición al Gobierno andaluz con un discurso muy duro y se le ha premiado con la candidatura, cerrando el paso a posibles paracaidistas de la capital. Manuel Gavira es un hombre de partido, y en el primer debate lo demostró: prioridad nacional y discurso alineado al de su dirección.
La apuesta arriesgada de Maíllo
Maíllo es en sí mismo el líder nacional de su partido, aunque no de todo su espacio, que sigue descabezado tras la fragmentación de la izquierda alternativa. En campaña reivindica una izquierda de gobierno dispuesta a formar coalición con los socialistas, siguiendo el camino trazado en Madrid, primero con Iglesias y después con Yolanda Díaz.
Ambas experiencias acabaron desgastando a sus protagonistas, lo que convierte a Maíllo en una apuesta arriesgada: quiere demostrar que esa fórmula puede funcionar en Andalucía donde hasta ahora no lo ha hecho.
Maíllo quiere demostrar que la fórmula coalición funciona en Andalucía donde hasta ahora no lo ha hecho Andalucía vota primero
En definitiva, la campaña andaluza no es solo una batalla por la Junta. Es un ensayo general. Cada partido está probando en Andalucía lo que quiere exportar al conjunto del país: Moreno afina el modelo de centro-derecha moderada que Feijóo necesita replicar en Madrid; Montero mide hasta dónde aguanta el sanchismo en una comunidad históricamente socialista que lleva ocho años gobernada por el PP; Gavira testea si la disciplina de partido de Vox es suficiente para crecer; Maíllo intenta demostrar que la izquierda alternativa puede ser útil en un gobierno de coalición sin autodestruirse en el intento y José Ignacio García juega su propio partido y espera aprovechar el efecto sorpresa de un candidato andalucista.
El resultado electoral dibujará el mapa de fuerzas con el que cada estado mayor afrontará el siguiente asalto nacional. Andalucía, la comunidad más poblada de España, marcará el camino el 17-M. Y el resto, como siempre, toma nota.

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