La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en una herramienta habitual en las campañas electorales andaluzas de cara a los comicios autonómicos del próximo 17 de mayo. Lejos de ser una novedad exclusiva de los grandes partidos, su uso se extiende también a formaciones más pequeñas, que la emplean precisamente para compensar su menor capacidad de recursos humanos y económicos.
¿Qué puede hacer la IA en una campaña electoral?
En términos sencillos, la inteligencia artificial permite a los equipos de campaña procesar grandes cantidades de información en poco tiempo: desde datos sobre el comportamiento de los votantes en redes sociales hasta tendencias de opinión pública. Con esa información, los partidos pueden tomar decisiones más fundamentadas y adaptar su mensaje en tiempo real según la respuesta del electorado.
«El PP la utiliza bastante, Vox también. El PSOE es más clásico y la utiliza menos. Pero son los grupos pequeños los que más uso hacen de ella porque tienen menos personal y así generan programas y contenidos que se viralizan de una forma más rápida», explica Nacho Gutiérrez, CEO de aicanhelpyou.es, empresa especializada en inteligencia artificial.
El PP la utiliza bastante, Vox también. El PSOE es más clásico y la utiliza menos. Pero son los grupos pequeños los que más uso hacen de ella porque tienen menos personal
Según Gutiérrez, los ciudadanos también recurren a estas herramientas por su cuenta para consultar propuestas electorales y resolver dudas sobre medidas que no quedan suficientemente explicadas en los programas oficiales.
Entre los aspectos positivos de aplicar IA en política destaca su capacidad para analizar volúmenes masivos de datos sobre opinión pública, identificar tendencias en redes sociales, personalizar la comunicación con distintos perfiles de votantes y detectar posibles irregularidades en el sistema. Además, puede contribuir a reducir los costes de una campaña electoral, algo especialmente relevante para partidos con menos financiación.
Sin embargo, el uso de estas tecnologías también plantea interrogantes que no deben pasarse por alto
Los riesgos sobre la mesa
Uno de los principales problemas que señalan los expertos es la protección de los datos personales de los votantes. Existe una preocupación real sobre el uso que los equipos políticos podrían hacer de esa información para influir en las decisiones de los ciudadanos de forma poco transparente.
Otro riesgo es el de la desinformación. La IA permite producir contenidos falsos con una rapidez sin precedentes, y una vez que ese tipo de información se instala en el debate público, resulta muy difícil desacreditarla.
Los contras tienen que ver con los contenidos falsos. Es mucho más rápido producirlos, pero cuando se instala en la política una noticia que no es verdad, es muy complicado desarmarla
«Los contras tienen que ver con los contenidos falsos. Es mucho más rápido producirlos, pero cuando se instala en la política una noticia que no es verdad, es muy complicado desarmarla y que la gente no se la crea», señala Romí Delgado, directora de digitalPRO.
A esto se suma el riesgo de que la personalización excesiva de mensajes políticos profundice la polarización social, al reforzar las convicciones de cada grupo sin fomentar el debate común.
El empleo de inteligencia artificial en política no es nuevo. En la campaña presidencial de Barack Obama en 2012 ya se utilizaron herramientas de análisis de respuesta cerebral para evaluar la reacción del público ante sus discursos. Un ejemplo más reciente y llamativo es el de Dinamarca, donde existe un partido político cuyo líder es, formalmente, una inteligencia artificial.
Responsabilidad ante el poder
El potencial de la IA en el ámbito político es innegable, pero su uso requiere marcos regulatorios claros y una aplicación ética rigurosa. Expertos y responsables políticos coinciden en que la tecnología debe estar al servicio de la democracia, y no al contrario. Como ocurre con cualquier herramienta poderosa, la responsabilidad en su uso resulta determinante.



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