Leer está más de moda que nunca en Jerez. Las cifras no mienten y la última edición de la Feria del Libro ha cerrado sus puertas por todo lo alto, consolidándose como uno de los grandes pilares del calendario cultural de la ciudad. En total, 18.154 visitantes han pasado por sus estands y actividades estos días, superando con creces los 17.300 asistentes del año pasado. Un balance que la alcaldesa, Mª José García-Pelayo, ha calificado como «muy positivo» al demostrar que el evento ya juega en la liga de las grandes citas literarias de referencia.
Detrás de este éxito no hay secretos, sino mucho trabajo acumulado. La regidora ha querido romper una lanza a favor del delegado de Cultura, Paco Zurita, y de todo su equipo, pero sin olvidarse del motor real de la feria: los libreros, los editores y las entidades locales que arriman el hombro año tras año. La estrategia de este Gobierno local estaba clara desde el principio: diseñar una feria abierta y participativa, con especial mimo hacia los lectores más jóvenes y los niños, buscando formatos que se salieran un poco de la típica firma de libros.
Por eso, el programa de este año ha sorprendido gratamente al incluir formatos mucho más lúdicos. Los asistentes han podido disfrutar de yincanas familiares, rutas patrimoniales e incluso conciertos.
Además, se ha aprovechado el tirón de la Capitalidad Española de la Gastronomía para fusionar las letras con catas y degustaciones. Todo esto sin perder la identidad de una edición que ha tenido una carga emocional muy fuerte por estar dedicada por entero al jerezano José Manuel Caballero Bonald en el centenario de su nacimiento, una oportunidad de oro para acercar su inmenso legado a las nuevas generaciones.
Lejos de dormirse en los laureles, el Ayuntamiento ya mira al futuro. La alcaldesa ha adelantado que la Delegación de Cultura se reunirá en breve con todo el sector editorial y los colectivos implicados para analizar qué ha funcionado mejor y empezar a encajar las piezas de la próxima edición.
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