Posiblemente si se preguntara en España por alguna palabra vietnamita, casi nadie sabría que responder. Allí, sin embargo, parece que sí hay algo más de nivel, al menos de andaluz. A miles de kilómetros de Andalucía, en una clase de infantil en Hanói -capital de Vietnam-, hay niños que ya saben que cuando alguien se cae no siempre se dice ‘ouch’ o ‘oh no’. A veces, lo que toca es un ‘¡sa matao!’. Y es que de esta manera tan peculiar es como David Jiménez, un profesor malagueño de Torre del Mar, lleva un trocito de Andalucía a la otra parte del mundo.
Lo que empezó como una anécdota espontánea en clase se ha convertido en una serie de vídeos que cuesta no ver en bucle. Detrás de este perfil en redes, no solo hay millones de visitas, sino también una forma de enseñar, aprender y descubrir que hasta las palabras más arraigadas a la cultura andaluza pueden viajar muchísimo más lejos de lo que imaginamos.
David lleva seis años en Vietnam y, aunque su trabajo es enseñar inglés a niños muy pequeños, entre tres y cuatros años, el andaluz ha terminado haciéndose un hueco entre sus elecciones. Todo comenzó cuando sus alumnos empezaron a fijarse en él. «Profe, tú tienes los ojos azules y la nariz larga», le decían. Las diferencias físicas pasaron a las culturales, y de ahí, al idioma. «En inglaterra decimos hello y en España podemos decir hola o ‘que pasa illo’ », explica Jiménez mientras recuerda la primera vez que surgió esta dinámica de clase.
La idea de subir estos momentos en el aula surgió de forma espontánea, según el propio profesor. «Hablando de los distintos idiomas, surgió lo del andaluz y le dije a otra profesora que grabase», explica David. Tras ello, decidió subir este mismo vídeo a redes y «el móvil empezó a echar humo». Desde ese mismo instante, las visualizaciones y los me gusta no dejaron de aumentar en un contenido, hasta ahora, nunca visto.
Esta iniciativa, además, cuenta con el entusiasmo de las familias. Los padres conocen los vídeos, los siguen en redes sociales y están encantados con el proyecto. Algunos, incluso, se preguntan por qué sus hijos no aparecen en las grabaciones -muchos de ellos no quieren salir-.
Y lo mejor es que ya no hace falta que David proponga nada. Son los propios niños quienes piden hablar en andaluz, hasta el punto en el que hay que poner un poco de orden. «Ya hasta delante de la directora o de los padres empiezan con las expresiones», comenta entre risas David.
Porque si algo tienen estas clases es que la diversión está garantizada. Y, aunque pueda parecer que todo se reduce a aprender palabras que provocan carcajadas, David tiene bastante claro que la risa también es una herramienta educativa. «Los niños tan pequeñitos funcionan mucho por emoción y, cuando algo les hace tanta risa o es un momento tan divertido, lo memorizan mucho más rápido». Quizá no sepan explicar todavía dónde está Andalucía, ni siquiera dónde está España, pero hay expresiones que se les quedan grabadas. «A lo mejor no saben contar en inglés, pero el ‘sa matao’ se les ha quedado».
Y, aunque todavía sean demasiado pequeños para comprender todo lo que hay detrás, David espera que algo permanezca. «Aunque ahora mismo no sepan dónde está Andalucía, o incluso dónde está España, recuerden cómo era», explica Jiménez. «Que, cuando piensen en su profesor, lo relacionen con las risas, la energía y esos ratitos en los que aprender inglés también significaba descubrir una cultura diferente», añade.
Por eso, al pensar en el futuro, se imagina algo más que volver a encontrarse con antiguos alumnos. «Yo espero que se acuerden de ello también y vengan a verme cuando yo tenga 70 años y ellos tengan 30», declara Jiménez. Una visita que, puestos a imaginar, podría incluir una conversación en inglés, otra en vietnamita y, por supuesto, algún que otro «¿qué pasa, illo?».
Mientras tanto, en Hanói, el andaluz sigue haciendo de las suyas. Y si alguien se cae por allí, que no se sorprenda si escucha un ‘sa matao’ antes de que nadie termine de levantarse.




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