Fueron unos pescadores los que dieron la voz de alarma. Pasaban de las dos y media de la madrugada cuando el Centro Coordinador de Tarifa recibió el aviso. Salvamento Marítimo movilizó de inmediato la salvamar Enif, que logró localizar la lancha neumática a las 03:55 horas. A bordo viajaban nueve menores de edad.
Todos se encontraban en aparente buen estado de salud y fueron trasladados de urgencia al puerto de El Saladillo, en Algeciras, donde desembarcaron ya con la luz del día, a las 06:20 horas.
El Estrecho como vía de escape de la crisis de Ceuta
Este último rescate evidencia la tremenda presión migratoria que sufre estos días el Campo de Gibraltar, convertida en el desagüe de la crisis humanitaria que asfixia a la ciudad autónoma vecina.
Han pasado ya dos meses desde la entrada masiva de finales de julio y Ceuta sigue bloqueada. Hay más de 10.000 personas atrapadas allí a la espera de trámites oficiales, durmiendo en centros desbordados o directamente en campamentos improvisados en escolleras y montes.
Ese tapón ha terminado por disparar la desesperación. Quienes están allí quieren cruzar a la Península como sea. Solo en los últimos días, las fuerzas de seguridad han tenido que interceptar más de 50 embarcaciones en la zona; un goteo constante de lanchas, kayaks e incluso motos acuáticas que intentan ganar las playas de Tarifa o Algeciras.
En total, van cerca de 200 llegadas directas a Cádiz desde que arrancó este repunte regional. Las mafias saben lo que hacen: aprovechan el cambio de estación y las densas nieblas que trae el temporal de Levante para camuflar unos viajes suicidas por los que cobran entre 2.500 y 5.000 euros por cabeza.
Al final, lejos de las cifras macroeconómicas y de los reproches políticos que se cruzan en los despachos, la realidad en la cubierta de una salvamar es mucho más cruda.
El desembarco de estos nueve niños en Algeciras recuerda que el drama no entiende de fronteras ni de despliegues policiales. Cuando tocan tierra, la única prioridad real es una manta térmica, algo caliente que llevarse a la boca y respirar al saber que siguen vivos.


Síguenos en redes






