El titular de este artículo podría confundirse con un eslogan de campaña. No lo es. Es una invitación a la reflexión en vísperas de unas elecciones que, como todas, importan más de lo que el ruido mediático permite apreciar.
Vivimos en una democracia imperfecta. Ninguna lo es del todo. Pero sabemos lo que costó construirla y lo frágil que puede llegar a ser cuando se da por sentada. Nuestros mayores —los que vivieron la Transición, los que salieron a la calle en el 4-D— lo recuerdan con una claridad que conviene no perder de vista.
El mérito del 4D
Andalucía alcanzó su autonomía en 1981 por una vía que no fue la prevista ni la sencilla. Fue la vía del esfuerzo colectivo, de una movilización histórica que obligó al sistema a reconocer que esta tierra tenía voluntad propia. Ese mérito no prescribe. Tampoco la responsabilidad que conlleva.
Votar este domingo no es un acto de lealtad a un partido ni a un candidato. Es un acto de lealtad a uno mismo, al proyecto colectivo que es Andalucía y al derecho a decidir el propio futuro. Los andaluces somos mucho más que la suma de nuestras opciones electorales.
«Los andaluces somos mucho más que la suma de nuestras opciones electorales. La identidad no se deposita en una urna»
Identidad sin trincheras
Nuestra identidad no cabe en una papeleta. No la define el partido que votemos, sino la cultura que sostenemos, la historia que compartimos y la forma de estar en el mundo que nos distingue. Una sociedad que ha sabido integrar tradición y modernidad, que ha convertido su patrimonio en motor económico y su carácter en activo colectivo, merece instituciones a la altura.
«Puedes irte de Andalucía, pero Andalucía nunca se va de ti. Esa es la mejor definición de una identidad que no necesita trincheras»
Este medio no dice a nadie a quién votar. Pero sí tiene algo que decir sobre cómo se ejerce el poder en nombre de esta tierra.
Andalucía no puede seguir siendo una plaza estratégica en la que los partidos nacionales dirimen sus batallas internas. El Parlamento tiene que ser exactamente eso, el espacio donde se decide el futuro de ocho provincias, con sus necesidades reales y sus diferencias, no el tablero en el que se mueven piezas pensando en la Moncloa.
Exigir eso no es independentismo ni provincianismo. Es política con mayúsculas.
La deuda pendiente
Hay una cuestión que no puede eludirse: la financiación autonómica. Andalucía es la comunidad más poblada de España y una de las que menos recursos per cápita recibe. No es una reivindicación de partido: es un hecho documentado que ningún gobierno central —ni del PP ni del PSOE— ha resuelto con suficiente determinación.
Reclamarlo no es agravio a nadie. Es justicia aritmética. Y los partidos que concurren a estas elecciones tienen la obligación de explicar cómo piensan defenderlo, con qué instrumentos y ante quién.
Las elecciones no terminan cuando se cierran las urnas. La democracia se mide, sobre todo, en lo que ocurre después: en la calidad del debate parlamentario, en la independencia de las instituciones, en la capacidad de los representantes electos para anteponer el interés general al de su partido.
Andalucía ha demostrado en las últimas décadas que puede cambiar de ciclo político sin que ello suponga una fractura social. Esa madurez es un patrimonio que conviene preservar. La polarización que envenena otros espacios públicos no ha arraigado aquí con la misma virulencia, y ese es un bien que merece cuidarse.
«La madurez democrática de Andalucía es un patrimonio. La polarización que envenena otros debates no ha arraigado aquí con la misma fuerza»
El deber de votar
Votar es, en última instancia, un acto de responsabilidad cívica. No hacia un partido, sino hacia la comunidad. La abstención no es neutralidad: es una renuncia a participar en la decisión colectiva y, en la práctica, una cesión de influencia a quienes sí acuden a las urnas.
Este domingo, Andalucía decide. No solo quién gobierna, sino qué tipo de comunidad quiere ser. Una tierra que trabaja, que innova, que exporta cultura y que mira a Europa con ambición legítima merece representantes que estén a esa altura. Elegirlos bien es tarea de todos.



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