«Usted no sabe el hambre que yo he pasado», confesaba Pepe Legrá a Manuel Alcántara antes de subirse al ring en País de Gales para ganar a Winstone en uno de aquellos combates históricos de la era dorada del boxeo español. Una época exitosa en la que Legrá fue capital, un Puma de Baracoa que ha muerto a los 90 años dejando detrás una vida de leyenda deportiva y de triunfos para el pugilismo español.
Vino de Cuba, de Baracoa, para competir bajo la bandera española y se convirtió en un mito social del franquismo. Ahora que Nico Williams o Lamine Yamal rompen barreras y son los ídolos de todo un país, en los años sesenta ya hubo un negro, un afrocubano, que conquistó el corazón de España.
Sacudiéndose el hambre a golpes
Pepe Adolfo Legrá Utría nació el día de San José de 1936 en Baracoa, llegó con la veintena a Galicia para empezar a despuntar y sacudirse el hambre a golpes. El limpiabotas que acabó siendo un héroe deportivo en España cuando aquellos combates que venían allende los mares paralizaban a un país que en deportes como el boxeo saboreaba las miles que no eran tan habituales en el fútbol de entonces.
Un peso pluma, fino estilista y rápido de pies. Un bailarín que imitó a Cassius Clay y que también hablaba y soltaba palabras antes y después del combate. Con ese habitual boxeo elegante de Cuba como muestran los vídeos de las principales batallas que libró, que demostraban que cuando estaba en forma y no sucumbía a los excesos era letal sobre el ring. Sobre las doce cuerdas.
Un mito de la época
Sus conversaciones con Manuel Alcántara, uno de los grandes cronistas españoles de la época en ‹Marca› junto a Fernando Vadillo en ‹As›, son patrimonio inmaterial de las letras deportivas. El periodista y escritor malagueño sabía que el problema de Legrá era su debilidad por las mujeres y por llevar una vida medianamente ordenada después del hambre que había pasado y que le hacía también ayudar a quienes pasaban penurias.
Legrá falleció en la noche de este martes 14 de julio al filo de la medianoche en el Hospital Gómez Ulla de Madrid. Mientras España despedía a un hombre importante que levantó cinturones cuando la televisión era en blanco y negro, el país vibraba por entrar a la segunda final del Mundial de su historia.



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