Más de 120 años de historia en el Málaga, refundación mediante, dan para mucho. Vicente León es uno de los aficionados más veteranos que han visto de todo, como se suele decir. Es abonado desde el año 1971 y aunque afirma que este próximo será su último año como socio, su mayor deseo es verlo en Primera: «Dios te escuche y María Santísima, la Virgen del Carmen y el Cautivo que me gustaría morirme viendo al Málaga en Primera. Sería una alegría inmensa».
A punto de cumplir 81 años, Vicente afirma que ya no quiere ir mucho más al fútbol por problemas de salud: «Ya me falla esto (el corazón) y un día va a darme una cosa». «Que me gustaría por otra parte. Bien lo sabe dios, que si es verdad que hay una muerte digna me gustaría morirme en La Rosaleda. He llorado mucho, he sufrido mucho y me he reído mucho», expresa el abonado.
Cuando se dice que el malaguismo está en el mejor momento de la historia es por algo y este ilustre aficionado lo reafirma: «El presidente Puche dijo una vez; ‘Si yo tuviera 14.000 socios hacía un Málaga grandísimo‘. Entonces éramos 6.000-7.000 socios y de ahí no pasábamos. Llegar a 8.000 o 9.000 socios aquello era un escándalo. Y hoy, lo que hoy es hoy. Si aquí el domingo pasado (ida contra el Almería) hubiese habido un campo con 60.000 espectadores se llena. Había muchas criaturas, miles. Hoy quién ha visto niños con cuatro o cinco años vestidos con la camiseta del Málaga. Eso no se ha visto nunca».
Una de los cambios que ha habido y más le gusta a Vicente es que antes cuando el Madrid iba a jugar después del Málaga y le faltaba media hora para que empezase el partido del Madrid, «se quedaba La Rosaleda sola. Hoy no. Hoy el Madrid, aparte».

Con lo que no está de acuerdo es con los recibimientos, pues afirma que «traen la ruina»: «Cada vez que se le hace un recibimiento al autobús del Málaga, si no perdemos empatamos. Dígame usted cuándo se le ha hecho un recubrimiento y se ha ganado. Soy muy supersticioso. Dentro del campo se hace lo que sea, pero no hacerle más recibimiento. Porque traemos la ruina».
A las puertas del partido contra el Almería, Vicente León es optimista y avisa que el Almería «puede equivocarse» tras el planteamiento de la ida donde fue a «dejar la portería a cero»: «Pues diga que el Chupe, Larrubia, Joaquín le de por marcar un gol en el minuto 80 y tantos con 0-0. Se van a acordar entonces de La Rosaleda. Y el campo del Almería no es La Rosaleda».
El aficionado confía en que se viva un ambiente sano y no haya que lamentar altercados como en el último encuentro de liga: «Me han dicho que van a estar muchos malaguistas en Almería, aunque sin entrada. Eso pesa mucho. Ojalá fuera verdad y que no se forme bronca como pasó hace poco. En paz. Que aquí han pasado ellos dando las gracias. y que sea lo que dios quiera».
Ha visto a Puskas fallar un penalti, a Pelé expulsado…
Vicente cuenta numerosas anécdotas de partidos y desplazamientos. Uno de sus favoritos es cuando viajaban a Soria para jugar ante el Numancia: «Les llevamos cinco o seis cajas de sardinas. La policía nos cortó una calle. Allí espetamos las sardinas y se comían hasta las espinas. Llevamos dos o tres sacos de arena con las cañas, almejas salteadas, mejillones, conchas finas. De todo. Ellos ponían caldereta, lo que nosotros llamamos estofado».
«He visto a Pelé irse expulsado, a Maradona, a Cruyff», afirma León, que recuerda con anhelo aquellas bonitas vivencias y no tanto otras como la mala relación con el Granada, nada que ver con el hermanamiento que hay ahora: «Había que ir a Granada como aquel que dice con máscaras».
«Un año vino el Madrid con Puskas (1963) y nunca se había llevado el trofeo costa del sol y alquiló una furgoneta para llevárselo. Perdió 3-1. Le paró Américo un penalti a Puskas, que nunca lo había fallado. Y se tuvieron que ir con la furgoneta alquilada para arriba. Entonces no había AVE ni nada y se fueron de vacío», afirma el malaguista.
Otra anécdota se encuentra en un un Málaga 4-6 Elche (1962-1963). Había un portero que se llamaba Lasheras, que jugaba en el Elche y que al año siguiente lo fichó el Málaga. En ese partido, como malaguista, «cada vez que llegaba el balón a la portería del Málaga se dejaba marcar». Ese fue su último partido defendiendo la camiseta del Málaga.
«Vi un Málaga Huelva. Ellos traían un jugador que se llamaba gringo. Le hizo una entrada a Pepe Arias. Pepe le dio una clase de ‹bombazo›, que tuvo que ir el árbitro a la caseta a expulsado. Por entonces no había tarjetas amarillas», recuerda entre risas Vicente.



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