Se cumplen ocho años de aquella sobremesa interminable de Mariano Rajoy en el restaurante Arahy de la Puerta de Alcalá, donde a los afines del expresidente del PP les dio tiempo a entrantes, comida, postre y digestivo mientras Pedro Sánchez irrumpía ya del todo en escena como nuevo inquilino de La Moncloa. La corrupción a gran escala en el seno del Partido Popular era el argumento palmario de aquel vuelco en las Cortes Generales.
Ocho años de la vuelta al poder del PSOE que, con los socialistas ahora envueltos en varios frentes judiciales, quedan lejos. Un suspiro, una eternidad. Un tiempo en el que una sociedad que consume rápido y olvida pronto ha vivido entre una pandemia o ha visto cómo las guerras entre países no eran algo propio del siglo XX sino una situación posible también en esta centuria.
Lopetegui aún era entrenador de España dos semanas antes de que el país viviera otro momento convulsionante con la destitución del vasco tras fichar por el Real Madrid
Granada vivía la Feria del Corpus como este año y Julen Lopetegui era todavía el entrenador de España antes de que Florentino Pérez lo fichase para el Real Madrid y Luis Rubiales tirara de Fernando Hierro para el Mundial de Rusia. Mientras tanto, España vivía el último día de mayo y el primero de junio de 2018 la cuarta moción de censura de la era democrática. Las tres anteriores habían sido rechazadas por lo que había mucha nebulosa al respecto.
El ‘Gobierno Frankestein’
Pero Pedro Sánchez se había asegurado el apoyo de los partidos nacionalistas vascos, catalanes, gallegos y valencianos así como de la izquierda de Podemos (50 escaños del momento) y la abstención de Coalición Canaria. El famoso ‘Gobierno Frankestein’ que Alfredo Pérez Rubalcaba había vaticinado años antes en pleno hundimiento del PSOE empezaba a coger cuerpo.
Aquel 1 de junio a Sánchez todavía no era tan intenso el mechón de pelo blanco ni esos surcos físicos propios del desgaste que manifiesta en los últimos tiempos un presidente del Gobierno que ha monopolizado el debate público en estos ocho años.
Para sus detractores, el rostro de todos los males que aquejan a España, un polarizador social y un político ávido de poder capaz de hacer lo que sea por ‘bunkerizarse’ en La Moncloa. Sus defensores ponen en valor sus políticas progresistas y su respuesta frente a crisis como el Covid y otros momentos por los que ha pasado.
Para los analistas, un ‘killer’ del arte de la política que ha convertido en virtud sus defectos para ganar por la mínima a los contrarios y prácticamente no encontrar oposición (al menos pública) en un partido que ha fagocitado. Tanto, que ahora mismo está cercado familiar y políticamente por los casos judiciales y las supuestas tramas de corrupción que en su día estaban en el bando contrario, en el PP, y le ayudaron a dar el salto ‘monclovita’.
Sánchez insiste en «2027 y más allá»
Él insiste en que tiene fuerza y votos para seguir más allá de 2027 y se niega a adelantar elecciones. Y España que ya conoce su tenacidad y su capacidad para dar giros constantes sabe que su idea de seguir de presidente es de las pocas cosas que dice con convicción y en las que no está dispuesto a cambiar la versión. Aunque el viento vaya totalmente en su contra.
Hace ocho años que empezó otro momento clave de la era democráctica en España. Aquel 1 de junio de 2018 que Rajoy quiso perderse de maner consciente entre un salmorejo cremoso, unas anchoas de Santoña y un solomillo de vaca gallega. Rodeado de sus ministros fieles y todo regado con vasos de vino para ahogar las penas que con pan son menos.
Ahora, el PP de otro gallego, Alberto Núñez Feijóo, ve los toros desde la barrera sin atreverse como hizo Sánchez a plantear una moción de censura como ha hecho Vox dos veces de manera fallida contra el dirigente socialista.



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