Las mascotas se han convertido en un miembro más de la familia. Es imposible para muchos imaginarse un plan sin ellos. Aunque en verano, lamentablemente para algunos, pueden llegar a ser un problema. A la de por sí planificación que hay que realizar para viajar hay que añadir en la ecuación a los animales: si viaja, habrá que buscar un alojamiento que admita mascotas, pero si se queda en casa, habrá que buscar otras opciones como dejar al perro con un familiar o en un hotel canino.
Lo que nunca debería ser una opción es abandonarlo a su suerte en cualquier sitio donde el animal no pueda sentirse protegido. La época estival se asocia a esta egoísta e irresponsable práctica que realizan algunos dueños de mascotas, que actúan como si dejase de existir el problema. Y, lejos de ser así, este aumenta para el animal. Anita Dufetel, coordinadora del Refugio Sierra Nevada, dice que cuando llega un perro abandonado por su familia «lo pasan mal, no entienden qué ha pasado y ellos no saben qué es lo que han hecho para merecerse ese trato». Nada más llegar a la protectora pasan de estar en una casa a una jaula «encerrados con otros animales que también han sufrido».
Un 2% de los abandonos se producen por las vacaciones
Pero la realidad de los abandonos es totalmente diferente a lo que creemos. Según el estudio ‹El nunca o haría›, durante las vacaciones se produjeron un 2% de los abandonos en 2024, un porcentaje muy bajo en comparación a otras razones como las camadas no deseadas (16%), la pérdida de interés (14%) o el cambio de domicilio (12%). «Se abandona, por desgracia, todo el año», aclara Anita, quien asegura que si bien es cierto que «los días previos de verano sí aumentan los abandonos», estos ocurren «independientemente de las vacaciones». Más bien el problema está en la disminución de adopciones durante el verano, lo que causa que haya «más perros y menos voluntarios para atender las necesidades de los animales».
Las excusas que ponen en las puertas del refugio son muy variadas. «Desde una separación, una mudanza, un cambio de trabajo, un bebé, una enfermedad, alergia…», enumera Anita, pero hay una que especialmente le duele: «Cuando dice que se lo han encontrado y se ve claramente que es su perro y no tiene ni siquiera la decencia de decir que es suyo y ya no lo quieren tener».
El problema para la coordinadora del refugio es «la inconsciencia de la gente en sus cuidados, porque se creen que no va a orinar, no va a comer, no se va a poner enfermo… Y necesitan atención y educación».
Al ser abandonados «sufren un estrés enorme»
La llegada a un refugio de un animal acostumbrado a la comodidad de vivir en un hogar es muy dura. Las primeras semanas en el refugio, los animales «sufren un estrés enorme, no comen, están tristes, lloran», según relata la coordinadora del refugio. Una situación que, tanto para los animales como los voluntarios, es «muy triste». Anita no entiende «por qué los dueños no se quedan menos tiempo en la playa y con lo que ahorran pagan una residencia al perro o a un cuidador».
En las personas debe estar la responsabilidad de calcular los gastos para cubrir las necesidades de toda la familia, incluidas las mascotas. Por lo tanto, el abandono animal en vacaciones «no es un problema económico, es un problema de pensar y de tener prioridades».
Aunque sean animales, es algo que le puede pasar a cualquier persona, asegura Anita. «En la vida hay muchos cambios y nunca se sabe lo que puede pasar», añade. Con la esperanza de mejorar su vida, en Refugio de Sierra Nevada y los del resto de España alojan en sus recintos a perros y gatos que están deseando tener una familia que pueda darles ese bienestar y tranquilidad que merecen como cualquier otro ser vivo.
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