Entre las casetas del recinto ferial de Almanjáyar, una joven baila La Reja con entusiasmo. Hasta ahí, nada fuera de lo común. Pero uno de sus amigos señala a otra chica del grupo y advierte: «¡Es de Bilbao!». «No tengo tanto arte, pero lo paso bien», expone la visitante. Se llama Anne y está conociendo la feria de Granada. Como ella, decenas de personas que, procedentes de todo el país, se dan cita en la feria, convertida en el punto de encuentro de amigos a distancia o jóvenes desplazados por trabajo que viven de otra manera el Corpus.
Anne pertenece a este último grupo. «Me he venido aquí a trabajar un mes, al hospital donde está esta gente. Me han invitado a la feria y aquí estoy. No le digo que no a nada», sonríe. «Me está gustando mucho, muy buen ambiente. Un poco sí era como me esperaba. Mucho flamenco, mucho baile, mucho alcohol también… Muy bien, guay», expone, después de catar uno de los sabores del Corpus por excelencia. «He probado el rebujito por primera vez, que no lo había hecho. Está bueno. Pero no he bebido mucho», promete. «Le doy un ocho y medio», lo califica.
Enfermeras
Más nota le dan Itziar, Paula y Mireya. Son de Madrid, Málaga y Cartagena, respectivamente, y acaban de llegar a Granada. «Somos enfermeras. Hemos hecho el EIR y ahora vamos a ser especialistas en pediatría», aclaran. «Venimos a trabajar nuevas, no habíamos venido nunca a Granada, a la feria. Es nuestra primera vez y nos está encantando», indica la segunda de ellas, mientras que la última, que ya había conocido las fiestas, tiene claro que este año «está siendo el mejor de todos».
«Es en el que más borracha me estoy poniendo», señala Mireya, con impulsos de conquistadora. «El rebujito ya es nuestro», ríe, antes de lanzarse con Itziar a bailar una sevillana. Eso sí, no sin dejar un mensaje a su madre, Merche. «Mamá, estoy muy bien, genial», promete.
Carmen y Pablo caminan por el ferial con Julia, la única de la tierra, como guía. Ella es de Palma del Río y está en Granada «por amigos». «Es mi primera vez. He aprendido que no se llama feria, sino que se llama Corpus. Para mí, partiendo de ahí, es algo nuevo. Me parece muy buena, muy típica. Está muy bien. Me gusta que se pongan en valor las cosas clásicas y que no sea una feria muy de fuera», defiende, vestida de gitana. Él es de Linares y reconoce que ya tocaba conocer el recinto ferial granadino. «Llevo ya viviendo aquí tres años. Y digo ‘lo mismo, ya pinta venir aquí’. Por circunstancias de la vida, no he podido», se excusa. Su análisis, más preciso. «Soy más del Bachiller técnico. Muy bien urbanizado, todo bien estructurado, muy limpio… Esa es mi primera impresión», ríe. No frena el paso, porque le esperan las casetas. Allí, tomará nota para ofrecer una valoración más profunda.



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