En un mundo en el que el deporte rey es el fútbol, que en Huétor Tájar el balonmano se abra hueco entre los jóvenes panciverdes es un hito destacable. Este municipio de 10.000 habitantes, que ya tuvo un equipo a mediados de los 90 en la máxima división del balonmano español, ve enamorarse y crecer en este deporte a los niños hueteños que comienzan a dar sus primeros pasos en el cuarenta por veinte.
Isa y Valeria, dos niñas de la localidad, han encontrado en el alevín mixto de BM Huétor Tájar un equipo donde poder jugar y aprender de este deporte. A mediados de abril, se proclamaron campeones de Granada y se ganaron el derecho a jugar el Cadeba, el campeonato más importante de Andalucía. Pero tras la alegría de ganar un campeonato provincial, llegaron las malas noticias. «Terminamos la Final Four, ganamos y nos dicen que no pueden participar las niñas», cuenta Francis Jáimez, entrenador del BM Huétor Tájar.
Este hecho causó muchos problemas en el club porque, además de que se les impidiera jugar por una «normativa interpretable», como la califica Francis, al perder a estas dos jugadoras el club no llegaba al mínimo de licencias necesarias. «Hablamos con Competiciones, con el Secretario General e intentamos hablar con el Presidente de la FABM pero no fue posible», relata el entrenador, que intentaba buscar una solución para que las niñas que habían pertenecido al equipo toda la temporada no se quedarán fuera del campeonato.
Finalmente, obtuvieron la respuesta de la Federación, que les dio 24 horas para sustituirlas, lo que se resolvió con la incorporación de dos niños del equipo de fútbol. Además, les abrieron la opción de que Isa y Valeria pudieran jugar: «Conseguimos que la FABM mandara la pelota al delegado federativo que estuviera en el Cadeba, dejando la responsabilidad en sus manos».
El equipo al completo viaja al Cadeba, pero es expulsado del torneo
El primer partido, que Isa y Valeria no pudieron disputar por discrepancias con el cuerpo técnico rival, fue respondido con 30 segundos de sentada ante la normativa que les impedía poder jugar. Esta protesta fue pactada previamente tanto con el equipo contrario como con árbitros y el delegado federativo. Fue en el segundo encuentro cuando la situación comenzó a torcerse. «Hablamos con los técnicos de Urci -el equipo rival- antes de que comenzara el partido y permiten que las niñas jueguen, dejándolo todo en manos del delegado federativo», relata el entrenador, que trató de que «este hombre entrara en razón pero se acogió a la normativa, que para él no es nada interpretable». Y, al igual que en el partido anterior, Isa y Valeria se quedaron sin jugar y sus compañeros, en señal de protesta se sentaron durante los primeros 30 segundos.
El colmo llegó unas horas después del partido, cuando la expedición volvía al hotel para descansar antes del encuentro que debían disputar esa misma tarde. Llegó un correo del Comité de Competición donde se excluye al BM Huétor Tájar de la competición. Lo que fue un gesto de apoyo, visibilidad y solidaridad con las compañeras provocó la expulsión del equipo.
«Quieren hacer entender que hemos manipulado a menores y no es verdad», manifiesta Javi Nuño, ayudante del entrenador, en referencia a un comunicado que publicó la Delegación de Granada de la FABM, en el que se aseguraba que se realizó «bajo presión de sus técnicos». Javi Nuño cuenta que sus jugadores lo pasaron «mal porque para ellos es difícil entender la situación» y que «muchos de ellos se negaron a jugar», hecho que contradice directamente lo publicado en el comunicado.
«Nosotros, desde el primer momento, lo que hemos buscado es que se les permita competir», cuenta Javi. Y es que la indignación en el club es mayúscula: no entienden una normativa tan prohibitiva con las jugadoras en una categoría en la que los chavales «lo único que quieren es jugar, practicar deporte, aprender y estar con sus compañeros», como afirma Nuño.
El equipo ha recibido el apoyo del Ayuntamiento de Huétor Tájar y de varios de los clubes de la provincia. «Nuestra lucha es para que en situaciones similares a la que hemos vivido se permita que las niñas puedan jugar», expone Javi Nuño, quien defiende que «lo que se ha ganado en el campo no lo tiene que quitar una normativa».
«Aquí no hay equipo femenino y no tenemos otra oportunidad de jugar»
Isa Jáimez, una de las niñas que no pudo disputar el Cadeba, asegura que después de «toda una temporada jugando» se sintió «mal» y cree que deberían haber jugado. Valeria Díaz, la otra protagonista, también dice que se sintió «mal y decepcionada» cuando recibió la noticia de que no se les permitía jugar con su equipo un campeonato que se habían ganado por derecho propio en la pista.
Algo positivo que extraen de esta mala experiencia es el apoyo que han recibido desde el principio, ya que, como Isa cuenta, «intentaron hacer lo posible» para que las dos niñas pudieran disputarlo. «Aquí no hay equipo femenino y no tenemos otra oportunidad de jugar», explica Valeria.
La Delegación de Granada de la FABM responde a la polémica
La respuesta de la FABM tanto a las quejas por no permitir jugar a sus dos jugadoras como a las sentadas fue transmitida a través de las redes sociales de la Delegación de Granada. En el comunicado, declaran que actuaron «con buena fe y con un firme compromiso integrador» y que el BM Huétor Tájar «conocía esta normativa antes de inscribirse». Además, tipifican la acción de sentarse 30 segundos al inicio del partido como una falta «muy grave» y afirman que la expulsión es «consecuencia directa de una acción que el club decidió llevar a cabo».
Isa y Valeria, lejos de estas polémicas, quieren que en un futuro lo que ellas han vivido no lo tengan que sufrir otras niñas y piden que «cambien la norma de que las niñas no pueden jugar con los niños en los Campeonatos de Andalucía». Vivir en un municipio pequeño no debería quitar la oportunidad de jugar a las niñas por su género porque, como ambas declaran, ellas solo piden una cosa: «Queremos jugar a balonmano».



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