La tensión se mascaba en el ambiente. Ya fuese en el Palacio de los Congresos, en los bares o en las casas de los granadinos, desde las 21.00 horas todas las miradas se centraban en lo que estaba pasando en el MetLife Stadium. Nos dieron las 12 cuando Ferrán decidió desatascar un partido que parecía abocado a decidirse desde los once metros. Un gol que ya comenzó a desatar la locura en las calles de Granada con petardos, cánticos y abrazos. Los 15 minutos posteriores fueron un trámite para lo que se venía, pues los granadinos celebraban a cada segundo que transcurría estar un poquito más cerca de la segunda estrella.
Pacientemente, esperaron al pitido final de Vincic y, aunque unos se quedaron a ver cómo Rodri levantaba al cielo de Nueva York el ansiado trofeo, otros comenzaron a darse cita en el lugar de ceremonias de Granada por excelencia: la Fuente de las Batallas. Una fuente vallada y custodiada por la Policía Nacional que velozmente se vió rodeada de centenares de aficionados españoles enfundados con la prenda de moda del verano y que comenzaban a alzar la rojigualda con orgullo.
La marea roja comenzó a inundar la plaza del Campillo y los granadinos empezaron a calentar la voz. No faltaron los clásicos «yo soy español» y «que viva España», además de preguntarse «¿dónde está Leo Messi?». También se replicó el ya famoso grito vikingo de row, con todos los aficionados sentados en el suelo de la plaza imitando la celebración noruega. De forma aislada, aparecieron banderas anticonstitucionales y los cánticos contra el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que no llegaron a ensuciar una gran noche de celebración.
Las farolas se convirtieron en un punto de escalada y fueron invadidas por los aficionados que ondeaban las banderas a gritos de «olé» y levantaban réplicas del trofeo para sentirse como Rodri ante los vítores de los allí presentes. No podían faltar también las bengalas y los fuegos artificiales.
No solo en la Fuente de las Batallas, sino en toda Granada se vivía con intensidad la segunda estrella de España. No había rincón en el que no estuvieran celebrando esta hazaña. Desde La Chana hasta Genil, pasando por Zaidín y Albaicín, los cláxones y las banderas de España ondeaban con orgullo porque La Roja había cumplido su objetivo y repetía la hazaña conseguida hace 16 años en Johannesburgo: ser campeones del Mundo.



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