El Granada regresa vivo de su odisea en Oviedo, y cerca estuvo incluso de volver con el botín mayor, pero a Alejandro Marqués no le salió la jugada de Troya al final del duelo. El conjunto rojiblanco se lleva un punto del Carlos Tartiere después de un ejercicio de resistencia férrea, insistentes los asturianos en su propósito de presentar su candidatura al ascenso cuanto antes. Las tuvieron de todos los colores, pero entre Lizoain, la solidaridad granadinista atrás y Alberto Reina, que sacó bajo palos un tiro de su compañero, se quedó a cero. También los de Pacheta labraron opciones, pero no cargaron el acierto en la maleta. Un punto de partida para ambos, ya se verá si bueno o escaso.
No tardó demasiado el Granada en presentarse como un equipo a medio hacer, por más que Pacheta defienda que a la obra apenas le faltan los remates. Tal vez, sí sea así en cuanto a los movimientos que el club pueda ejecutar hasta que el mercado baje la persiana, pero no en lo que al fútbol se refiere. Los de franjas se atascan, no parecen disponer de demasiados recursos de garantías y el gol se les asemeja bastante a una de las sirenas de Nolan, cuyo canto, por cautivador, tan solo se puede imaginar. El Oviedo era otra cosa, con el porte amenazante de un recién descendido, encarnado en la envergadura de Chris Ramos. El punta fue un incordio que remató todo balón que le pasó cerca, aunque también se quedó sin hincar el diente.
Desde muy pronto comenzaron a dominar los asturianos, con muchísima movilidad entre líneas, dóciles los de Pacheta, con problemas para salir de su madriguera. Lo hicieron después de que David Costas, en una falta escorada, mostrara el colmillo. Se escapó Rodelas como una centella para forzar el córner. Dani Calvo lo alejó, pero esperaba atento Sergio López para finalizar como pudiera, sin atino. Era un Granada atropellado, al que por poco no dejaron planchado sobre el césped del Tartiere como otra línea más en el campo. Se la llevó Chris Ramos a trompicones, sin nadie aparentemente dispuesto a ponerle sentido al balón, y sacó de la manga un remate durísimo, férrea la palma de Lizoain.
Un escalofrío empezó entonces a recorrer cada espalda granadinista cuando el esférico se dirigía al ariete, que parecía controlar su dirección con imanes. La colgó Alberto Reina y, de nuevo, remató el gaditano, elástico Lizoain para desviar con la punta de los dedos. Después fue el propio mediapunta oviedista quien se alió con el arquero. Había centrado Nacho Vidal y la pelota se le hizo liebre al guardameta. Villahermosa, desde la frontal, enganchó el golpeo, pero su compañero lo escupió bajo palos sin querer.
Los rojiblancos resoplaban agobiados y pretendieron tomar aire en un ataque relámpago. Chinaza sintió la llamada y la diagonal fue maquiavélica, si bien el golpeo tras recortar se le fue a la luna. No era una señal de reacción, sino un simple espejismo. El Oviedo movía y a Chris Ramos se le inyectaban los ojos en sangre. Recibió el esférico con el gol entre las cejas y se adentró en las dependencias de Lizoain hasta lograr cruzar el balazo con el cañón desviado.
Más de lo mismo tras el descanso
Más de un granadinista suspiraría con alivio, salvados por la campana, cuando Pérez Hernández señaló hacia los vestuarios, aunque la cosa no iría mejor detrás el descanso. Los de Calero salieron con el cuchillo entre los dientes y comenzaron a hostigar sin miramientos la trinchera granadinista, con Chris Ramos como comandante de los ejércitos asturianos. El cuadro rojiblanco resistía como podía y achicaba aguas sin apenas capacidad para montar algún contragolpe estéril.
Pacheta vio a su equipo romo y le sacó punta, al campo Pascual y Alejandro Marqués de una tacada. A quien se le había prendido la mecha, sin embargo, era a Rodelas. Se giró en un contragolpe y empalmó un centro chut que sacó Aarón, para desesperación de Arnaiz. Luego entraron Oscar y Owen Emeka, en lo que Calero se apuntaba también al carrusel de cambios, discontinuo el juego. Al Oviedo le entraban las prisas. Isfam, recién ingresado, se orientó hacia su pierna izquierda y soltó el zapatazo alto. Le emuló poco más tarde Aisar, que mandó fuera un saque de esquina ensayado.
En la ruptura del duelo, sin embargo, erupcionó un error grosero del lateral diestro, que dejó la pelota muerta para la cita entre Marqués y Aarón. El punta quiso ejecutar rápido, pero para cuando hubo apretado el gatillo, tenía ya al exrojiblanco encima. Ahí estuvo el choque. Owen, seguidamente, quiso concluir con un golazo, sin acierto, y los asturianos se volcaron ya hasta el final, sin opciones. El Granada regresó vivo, aunque está por ver si con esto le da para todo el curso.
Ficha técnica:
- Real Oviedo: Aarón Escandell; Nacho Vidal (Aisar, 62’), David Costas, Dani Calvo, Samu Rodríguez (Juan Cruz, 62’); Jacobo González (Víctor Mingo, 81’), Youness (Enzo Pérez, 81’), Villahermosa, Pablo Sáenz (Isfam, 70’); Alberto Reina y Chris Ramos.
- Granada CF: Raúl Lizoain; Sergio López (Oscar Naasei, 70’), Manu Lama, Bourama, Baïla Diallo; Rubén Alcaraz, Gerard Gumbau, Pedro Alemañ (Alejandro Marqués, 57’); Sergio Rodelas (Owen Emeka, 70’), José Arnaiz (Kader Bamba, 78’) y Chinaza (Jorge Pascual, 57’).
Árbitro: Manuel Ángel Pérez Hernández, del comité madrileño. Amonestó a los locales Youness e Isfam, así como a los visitantes Chinaza y Sergio López.
- Incidencias: encuentro correspondiente a la primera jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Carlos Tartiere, ante 21.595 espectadores. Antes del partido, se guardó un minuto de silencio en memoria de las víctimas del terremoto de Colombia. Además, el exjugador Santi Cazorla fue homenajeado y realizó el saque de honor.
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