El Pentágono ha anunciado la retirada de aproximadamente 5.000 soldados estadounidenses desplegados en Alemania, en una decisión que el Gobierno alemán trató de minimizar públicamente, pero que ha generado inquietud en los círculos de defensa europeos.
El movimiento no solo afecta a las tropas ya presentes en suelo alemán, sino que también supondría la cancelación del despliegue previsto de misiles de alcance intermedio, lo que los expertos califican como el aspecto más grave del anuncio.
El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, calificó la retirada de «previsible», argumentando que Estados Unidos ya había avisado de una revisión general del posicionamiento de sus tropas en el mundo.
Recordó además que el presidente Donald Trump ya intentó retirar 12.000 soldados de Alemania durante su primer mandato, aunque el Congreso lo impidió en aquella ocasión. Pistorius también quiso poner en perspectiva las cifras: los 5.000 soldados que se van representan una fracción de los casi 40.000 que EEUU mantiene actualmente en el país.
Alemania alberga la mayor base militar de EE.UU. fuera de su territorio, varios mandos estratégicos y el hospital militar más importante del mundo más allá de sus fronteras
Una decisión que va más allá
Sin embargo, lo que más preocupa en Berlín y en las capitales europeas no es tanto la reducción de tropas como la aparente cancelación del plan de despliegue de misiles Tomahawk. En 2024, durante la presidencia de Joe Biden, EEUU y Alemania acordaron instalar a partir de 2026 misiles de crucero convencionales con un alcance de hasta 2.500 kilómetros.
El objetivo era cubrir una brecha de capacidades militares en Europa, ya que los países europeos no disponen actualmente de armas de alcance intermedio propias. Trump nunca respaldó formalmente ese acuerdo, y ahora todo apunta a que no seguirá adelante.
El experto militar Carlo Masala lo resumió en declaraciones al semanario alemán Der Spiegel: con esta decisión, Trump «debilita la disuasión convencional de toda la OTAN y crea una brecha de capacidades que los europeos todavía no pueden cubrir».
Un golpe a la relación transatlántica
El anuncio cogió por sorpresa al Gobierno alemán. Tanto el jefe del Estado Mayor, Carsten Breuer, como el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, habían regresado recientemente de viajes a Washington con una valoración positiva de las relaciones bilaterales. El propio canciller Friedrich Merz había descrito esa misma semana sus vínculos con Trump como «invariablemente buenos», si bien días antes había generado malestar en la Casa Blanca al criticar la estrategia de EEUU frente a Irán.
El analista militar Ralph Thiele señaló en la cadena NTV que Trump «personaliza» en Merz una decisión ya tomada de antemano y la presenta como un «castigo» hacia el canciller alemán.
Europa ante su propia seguridad
Pistorius aprovechó el momento para lanzar un mensaje de fondo: Europa debe asumir más responsabilidad en su propia defensa. «Dentro de la OTAN debemos volvernos más europeos para poder seguir siendo transatlánticos», afirmó. La OTAN, por su parte, indicó a través de su portavoz que el ajuste «pone de relieve la necesidad de que Europa siga invirtiendo más en defensa», en línea con el compromiso adoptado en 2025 de destinar el 5% del PIB a gasto militar.
El primer ministro polaco, Donald Tusk, fue el más crítico en sus reacciones públicas. En la red social X escribió que «la mayor amenaza para la comunidad transatlántica no son sus enemigos externos, sino la desintegración en curso de nuestra alianza».
El anuncio afecta por ahora solo a Alemania, aunque Trump también ha amenazado con reducir la presencia militar en España e Italia, países que adoptaron una postura distinta a la de Washington respecto a Irán.

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