La Semana Santa de Málaga no solo llena las calles de fervor cada primavera. También reabre cada año un debate que va mucho más allá de la devoción: el de la identidad visual de sus hermandades y hacia dónde debe caminar su estética.
Guion, reunió al vestidor y bordador Javi Nieto, el fotógrafo Luisma Gómez y al cofrade de la Columna (Gitanos) Jorge Bueno para analizar el estado de una tradición que reivindica con fuerza su personalidad propia frente a otros modelos andaluces, especialmente el sevillano.
El balance de la última Semana Santa fue positivo. Todas las hermandades pudieron completar sus procesiones sin incidentes meteorológicos, lo que los participantes calificaron de semana "completa". Las críticas, sin embargo, apuntaron a la gestión del recorrido oficial y reclamaron más transparencia en los recuentos de nazarenos y una mejor organización de los horarios.
Lo que hace única a Málaga
En el terreno estético, Nieto, Gómez y Bueno subrayaron que la ciudad tiene un sello difícil de encontrar en otros lugares: en Málaga "todo cabe". Sus tronos son de dimensiones colosales y se portan de una manera que no tiene parangón en otras ciudades. Al mismo tiempo, conviven hermandades de estilo clásico con otras más innovadoras, y todas mantienen su carácter.
Otro rasgo genuino que se destacó fue el uso de pinturas al óleo en los estandartes de nazarenos, una práctica poco habitual fuera de Málaga, donde en otras provincias predomina el bordado. Estos óleos, de notable calidad, representan a los titulares de cada cofradía y refuerzan ese carácter artístico diferenciador.
El fin de los tinglados
El debate abordó también la desaparición progresiva de los llamados tinglados: estructuras provisionales de metal o madera que se instalaban en la calle para guardar los tronos cuando las cofradías no disponían de una sede con acceso suficientemente amplio.
Aunque forman parte de la memoria colectiva de muchos malagueños, los invitados a la mesa del programa consideraron su eliminación un avance, ya que las nuevas casas hermandad ofrecen condiciones mucho mejores para la conservación del patrimonio.
El manto de flores, a examen
Uno de los momentos más interesantes del programa giró en torno al manto de flores de la Cofradía de las Penas, una de las estampas más reconocibles de la Semana Santa malagueña. Cada año, el manto de su Virgen se confecciona con miles de flores naturales —generalmente claveles— clavadas sobre una estructura de malla metálica.
Lo que hoy es una tradición arraigada nació de una necesidad: la falta de recursos en la posguerra para costear un manto bordado en oro. El debate planteó si ha llegado el momento de dar el salto a una pieza textil definitiva, un asunto que divide a devotos y especialistas en arte sacro.
La huella de cada bordador
En la última parte del programa, los especialistas en restauración textil de Santa Conserva explicaron por qué muchos bordados antiguos presentan diferencias visibles entre un lado y otro de la pieza. La razón es que en los talleres históricos (Padilla, Filipenses), varias personas trabajaban simultáneamente en la misma obra, y cada bordador imprimía su propia tensión de hilo.
Restaurar estas piezas, que en muchos casos datan de los siglos XVIII y XIX, exige no solo técnica, sino también la capacidad de leer esa historia para devolverles el esplendor sin borrar su esencia. La conclusión del debate fue clara: la estética cofrade malagueña atraviesa un proceso de madurez en el que innovación y tradición no tienen por qué estar reñidas.
El reto es seguir construyendo un estilo propio, reconocible y vivo, sin caer en la imitación de otros modelos ni renunciar a la evolución.



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