Pepelu Ramos ha cerrado una etapa profesional de 38 años vinculada a la radio, pero no tiene intención de alejarse de las cofradías ni de la vida cultural de Málaga. El comunicador, entrevistado en la noche del miércoles en ‹Guion›, repasó su trayectoria, sus primeros recuerdos de la Semana Santa y los cambios experimentados por las hermandades durante las últimas décadas.
«Me he jubilado del trabajo, pero no de la vida», explicó durante la conversación. A partir de ahora, aseguró, podrá dedicar más tiempo a su familia y a algunas de sus pasiones, entre ellas la Semana Santa, el carnaval, la copla, el flamenco y los verdiales.
Su relación con las cofradías comenzó en la infancia y no fue fruto de una tradición familiar consolidada. Su padre había sido hombre de trono de la Piedad, pero en su casa no existía todavía la formación cofrade que hoy reciben muchos niños y jóvenes. Su incorporación se produjo de manera espontánea, como ocurría con frecuencia en aquella época.
Desde la escuela
La primera vez que salió de nazareno tenía previsto hacerlo en Fusionadas junto a ‹Chico›
Banderas, compañero del colegio de Pepelu. Sin embargo, durante el regreso de la tienda
donde habían recogido los capirotes pasaron por la cofradía del Huerto y decidieron
apuntarse. Era el año 1978, un año antes de la riada de la Trinidad, y desde entonces su
vida quedó vinculada a las hermandades.
El comunicador recordó una Málaga muy distinta a la actual. Nacido en 1963, sus primeros
recuerdos de la Semana Santa se remontan a los años 70, cuando la ciudad era más
pequeña y las procesiones contaban con menos medios. Había pocas bandas, las túnicas y
los bastones se reutilizaban y la música no tenía la presencia que hoy se escucha en las
calles.
A su juicio, la Semana Santa malagueña atraviesa ahora una etapa de esplendor. La
combinación de tronos, procesiones, música, velas e incienso se ha generalizado y ha
alcanzado un nivel de cuidado que, según señaló, es relativamente reciente.
Nuevos modos de comunicar
También destacó la transformación de las retransmisiones. La tecnología permite ofrecer
imágenes y sonido de gran calidad y seguir los cortejos desde casa, pero advirtió de que la
Semana Santa no puede quedar reducida a una experiencia televisiva. Se trata, recordó, de
un culto público y de una manifestación de fe que necesita la presencia de los ciudadanos
en la calle.
Durante la entrevista habló asimismo de su familia. Su hija Blanca trabaja en los medios de
comunicación y llegó a retransmitir junto a él. Su hijo Guillermo es médico y mantiene una
estrecha vinculación devocional con la Virgen de la Salud. Su mujer, explicó, encuentra en
el Cautivo un refugio al que acudir en los momentos importantes.
Para Pepelu, las cofradías siguen teniendo sentido cuando funcionan como espacios de
convivencia. «La gente tiene que convivir», afirmó. En su opinión, las hermandades nacieron para compartir, debatir y poner en común, incluso entre personas que fuera de ellas no tendrían una relación cercana.
Su nueva etapa estará ligada también al podcast ‹Los jueves›, un proyecto concebido como una forma de conservar la memoria de la radio y de las cofradías. El objetivo es recuperar
voces, grabaciones y episodios que forman parte de la historia de Málaga para que no se
pierdan con el paso del tiempo.




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