A las 14.00 horas, el reloj marca el final de la mañana para miles de trabajadores del polígono Guadalhorce de Málaga. Pero fichar la salida no significa que la jornada haya terminado. Para muchos, empieza entonces otra espera: filas interminables de coches, accesos saturados y minutos que se acumulan sin apenas avanzar. «Es imposible, imposible». Con esa escueta describe José María Sánchez, de Electro Auto Sánchez, lo que sucede a esa hora. En uno de los principales motores empresariales de la ciudad, salir del trabajo puede convertirse en una carrera de obstáculos.
El problema se repite en las principales horas punta, tanto a primera hora de la mañana como al mediodía y al final de la tarde. La concentración de vehículos coincide con una red de accesos que los propios trabajadores consideran insuficiente y unas obras que añaden dificultades a la circulación. «Prácticamente hay dos salidas, como quien dice, en todo el polígono», explica Yamil Abuhazim, comercial en Elsi, que señala los viernes a las 15.00 horas como uno de los momentos más complicados: cuando buena parte de los trabajadores abandonan simultáneamente sus puestos. La consecuencia es una congestión que no solo afecta a quienes se marchan, sino también a los que intentan entrar para comenzar su turno.
«Es caótico»
Las cifras que relatan los trabajadores dan una idea de la dimensión del problema. Raúl Martín, empleado de una gasolinera ubicada en el polígono, asegura que ha llegado a tardar hasta 45 minutos en recorrer el trayecto entre el acceso situado al principio de la avenida de Washington y la rotonda donde se encuentra su lugar de trabajo. «Es caótico», describe. Juan Moreno, jefe de ventas de Kedeke, añade que muchos compañeros han tenido que acostumbrarse a salir de casa bastante antes para evitar llegar tarde: «No es una cuestión de organización personal, sino de anticiparse a unos atascos que pueden empeorar todavía más cuando surge cualquier imprevisto en la carretera».
El tráfico ha terminado modificando las rutinas más cotidianas. Comer en casa durante la pausa del mediodía es, para algunos, una opción descartada. José María Sánchez explica que, aunque dispone de dos horas para almorzar, regresar a su domicilio resulta inviable: «Puedo tardar hasta una hora solo en salir del polígono. Yo como aquí en el bar, o me traigo comida, aquí en el trabajo y ya está», cuenta. Raúl Martín vive una situación parecida: el tiempo disponible para comer no le permite desplazarse hasta casa y volver a tiempo. Así, una pausa que debería servir para desconectar se convierte en otra de las decisiones condicionadas por la congestión.
El tráfico ha terminado modificando las rutinas más cotidianas; Comer en casa durante la pausa del mediodía es, para algunos, prácticamente una opción descartada
Ante este escenario, algunos trabajadores han optado por alternativas al coche. En Kedeke hay empleados que acuden en moto o bicicleta, una forma de esquivar las caravanas y ganar tiempo en sus desplazamientos. Sin embargo, no es una solución al alcance de todos. En Elsi, Abuhazim señala que la mayoría de sus compañeros sigue dependiendo del vehículo privado y que solo conoce el caso de un trabajador que utiliza el tren de Cercanías, el cual le deja a unos 15 minutos de la puerta de su trabajo. La escasez de alternativas de transporte público adaptadas a las necesidades de quienes trabajan en el polígono refuerza esa dependencia del automóvil y concentra buena parte de la movilidad en los mismos accesos.
Problemas añadidos
A la congestión se suman otras carencias que alimentan el malestar de quienes llevan años trabajando en la zona. José Antonio Martín, de Fornituras Málaga, lleva 39 años en el polígono y lamenta la falta de soluciones para salir, además de la desaparición de sucursales bancarias y otros servicios que considera necesarios para un área empresarial de estas dimensiones.
«Me preocupan también a las obras y la futura ampliación del centro comercial, el tráfico se empeorará todavía más si no se toman medidas», agrega. Mientras tanto, los trabajadores siguen ajustando horarios, renunciando a desplazamientos y calculando cuánto margen necesitan para llegar a tiempo.
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