Conseguir una vivienda de alquiler en Málaga se ha convertido en una tarea compleja para los malagueños y la barrera es aún mayor para los jóvenes migrantes que buscan asentarse y construir un futuro digno. Con el objetivo de romper este círculo, la Fundación Sheguitu ha puesto en marcha un modelo pionero en la ciudad: un proyecto integral que combina formación especializada, contrato de trabajo y acceso a ‹viviendas pasarela›.
Vivienda pasarela es un término creado para simbolizar el tránsito desde que hacen la formación hasta que consiguen independizarse
Creación de contrato laboral
La iniciativa, de carácter totalmente privado y sin recibir subvenciones públicas, nació de la mano de su presidenta, Isabel Soto, una profesional con amplia trayectoria en la construcción. Soto identificó dos necesidades complementarias: la falta de mano de obra cualificada en el sector y la situación de vulnerabilidad de jóvenes que, tras llegar a España, necesitan una oportunidad real de inserción sociolaboral. Ya que, en la mayoría de los casos, vienen solos, sin su familia y sin alguien que les pueda ayudar.
Me dedico a la construcción hace muchos años y me apetecía unir la necesidad que hay de mano de obra especializada con ayudar a personas vulnerables que ya están aquí.
A través de la fundación, los participantes acceden a cursos de formación práctica en especialidades con alta demanda, como la instalación de Pladur. Tras completar la capacitación, los jóvenes se incorporan al mercado laboral con un contrato legal y un ingreso regular que les garantiza estabilidad económica.
Un piso temporal para aprender a independizarse
El mercado del trabajo y la vivienda en Málaga provoca que tener un empleo no resuelva automáticamente el problema habitacional. En Málaga, la falta de avales, la escasez de oferta y los elevados precios impiden que muchos de estos trabajadores puedan acceder incluso a una habitación. Para salvar este obstáculo nacen las denominadas ‹viviendas pasarela›.
La Fundación Sheguitu cuenta actualmente con cuatro pisos en los que los chicos viven pagando una renta adaptada a sus posibilidades. Los jóvenes, derivados por entidades sociales como Cruz Roja o Engloba, disponen de una estancia máxima de nueve meses. Este plazo está diseñado para ofrecerles un respiro y así permitirles ahorrar dinero, comprender el funcionamiento del sistema local y prepararse para dar el salto al alquiler ordinario.
«Las llamamos ‹pasarelas› porque durante un tiempo máximo de nueve meses se quedan viviendo en ellas. Es un oxígeno para que entiendan que para subsistir hay que ahorrar un poco antes de irse a una vivienda de régimen normal», destaca Isabel Soto.
Integración social y un proyecto de futuro
Marina, trabajadora social de la entidad, acompaña a los chicos en este proceso de adaptación y seguimiento sociolaboral. «No tenemos que decirles lo que tienen que hacer porque son adultos muy inteligentes, pero sí crear ese vínculo afectivo. Lo que pretendemos con las viviendas pasarela es impulsarlos a la independencia, que sean capaces de vivir por sí mismos, pagar sus cosas y tener una integración social completa», explica Marina.
La mayoría de los residentes son jóvenes subsaharianos de entre 18 y 25 años que llegaron solos a España y no cuentan con redes de apoyo familiares en la ciudad. Abdou, uno de los chicos que actualmente reside en estas viviendas, valora la oportunidad de tener la estabilidad que no encontraba en el mercado libre. «Ellos ayudan a la gente para tener dónde vivir, porque en Málaga es muy difícil tener habitación. Estoy muy contento y me gusta mucho vivir aquí», afirma.
Con la vista puesta en abrir nuevas ediciones de sus cursos y ampliar el parque de pisos, la Fundación Sheguitu demuestra que la combinación de formación, empleo y un techo digno es la fórmula más eficaz para romper barreras y lograr la verdadera emancipación.



Síguenos en redes



