¿Hasta dónde llegan los límites del malaguismo? El malaguismo no tiene fronteras, es un sentimiento inigualable que, dentro de ser fútbol, representa a mucha gente. Es una manera y un estilo de vida que quien lo siente ni siquiera se fija en el reflejo de los títulos europeos de los llamados ‹grandes›.
De nuevo la afición blanquiazul no ha dejado solo a si equipo y miles de malaguistas han estado apretados, respirando humo de bengalas y con calor, pero nada de eso importaba cuando el objetivo es animar a tu equipo.
Miles de personas han puesto la vista en punto fijo durante cinco, mientras cantaban y saltaban, transmitiendo toda la fuerza a los responsables de ejecutar el ascenso, los jugadores. Ahora son los futbolistas los que sobre el césped tienen que responder y poner todo lo que esté en su mano para poner el broche final a un partido que empiezan a jugar desde que se montan en el autobús mientras van camino al estadio.
La afición pone todo lo que puede y más para conseguir que su ciudad vuelva a estar entre los ‘grandes’, aunque con este tipo de gestos y momentos convierten al club en gigante.
Nadie se lo quiso perder se lo quiso perder
Roberto Fernández, Bilal o Samu Castillejo fueron unas de las caras conocidas que no se quisieron perder el momentazo y la oportunidad que tiene el Málaga de hacer historia. Como jugadores que han vivido lo que es tener a este pedazo de público a favor no se iban a perder las ‘locuras’ que está haciendo la afición por su equipo.
Eran unos malaguistas más, inmersos entre el humo de bengalas, ovaciones y cantaban al ritmo de «es la vida loca». Los de Funes están a una eliminatoria de regresar a Primera División y todo el que siente está volcado con el equipo en este momento tan especial.



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