La utilización de la Plaza Virgen de los Reyes de Sevilla para la celebración del evento privado vinculado a los Premios Escaparate sigue caldeando el debate sobre el uso de los espacios públicos y el modelo de ciudad que se está construyendo.
Entre las voces que han puesto el foco en esta cuestión se encuentra la del científico sevillano Álvaro Carmona, @sdesiensia en redes sociales, que ha mostrado sus reservas ante la celebración del acto. Álvaro estudió Bioquímica y tiene un doctorado en Medicina Molecular, es profesor en el Grado de Enfermería, Estadística y Asistencia Sanitaria Basada en la Evidencia. También imparte clases de bioquímica clínica en el Grado de Ingeniería Biomédica en la universidad Loyola, ha publicado un libro, tiene un podcast y crea contenido en redes sociales.
«A mí me cuesta mucho justificarlo», afirma Carmona al referirse a la utilización de uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad para una celebración de carácter privado. En su opinión, el debate no debería limitarse a la simple cesión de la plaza.
«Sabemos que no fue simplemente la cesión de la plaza, sino que hay invertido dinero público», sostiene. Y añade: «Cierran una de las plazas más importantes de Sevilla, sino la que más, para hacer una fiesta privada, y además, entre todos pusimos parte de la factura».
Para Carmona, esta situación plantea una cuestión más amplia relacionada con la gestión de los espacios que pertenecen al conjunto de la ciudadanía. «Es perfectamente legítimo preguntar para quién se está gobernando en el espacio público», señala.
¿Está Sevilla dejando de ser para los sevillanos?
La reflexión de @sdesiensia va más allá del caso concreto de los Premios Escaparate. Carmona considera que lo ocurrido forma parte de un debate más amplio sobre el modelo de ciudad y sobre la transformación que está experimentando Sevilla.
«Creo que cada vez más sevillanos y sevillanas tienen esa sensación: esta ciudad está empezando a ser pensada para ser contemplada y consumida más que para ser vivida», afirma.
En este sentido, apunta a la evolución demográfica existente del centro histórico y a la presión turística sobre determinados barrios de la ciudad. «El casco antiguo ha perdido 6.000 vecinos desde el año 2001», señala, mientras advierte de que «hay barrios donde la presión de las viviendas turísticas ya supera el límite municipal establecido».
A su juicio, la pérdida de población tiene consecuencias que van mucho más allá de las cifras. «Cuando un barrio pierde vecinos, el comercio cotidiano y la vida de barrio… no pierde solamente la población, sino también la identidad», explica. Su conclusión es contundente: «Una ciudad sin vecinos acaba siendo un decorado precioso, pero un decorado».
La respuesta ciudadana
La polémica ha generado reacciones ciudadanas y una gran movilización en redes sociales. Carmona asegura comprender la respuesta de quienes han expresado su malestar.
«Entiendo perfectamente la lógica», afirma. «Es la indignación». Para el sevillano, la reacción ciudadana resulta comprensible cuando un acontecimiento afecta directamente a la relación entre los vecinos y el espacio público. «Cuando un hecho toca de lleno la línea de lo sensible, es normal que las personas salten», afirma.
Carmona considera, además, que el propio espacio puede convertirse en escenario para expresar ese debate. «Me parece maravilloso utilizar este mismo espacio para plantear el debate sobre quién puede usarlo», señala.
Ante la probable posibilidad de concentraciones o acciones ciudadanas en relación con esta cuestión, Carmona insiste en que deben desarrollarse de forma pacífica y respetuosa.
«Si se hace, que sea pacíficamente», afirma. «La gente que acuda debe comportarse, no dejar basura y respetar las normas que corresponda, lo mismo que uno haría cualquier otro día».
La prueba del algodón
El creador de contenido defiende, además, que esta reivindicación no debería identificarse con una formación política concreta. «Aquí no hay siglas, no hay banderas ni caras que lideren, sólo sevillanos y sevillanas protegiendo lo que por derecho les pertenece», sostiene.
En última instancia, Carmona plantea una comparación entre el uso del espacio público para acontecimientos privados y el uso cotidiano que hacen de él los propios vecinos.
«Porque ahí está la prueba del algodón», afirma. «Comprobar si las mismas reglas que permiten una gala para unos pocos funcionan también cuando los que llegan son vecinos con un refresco, un tupper o un bocadillo».



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